Peregrinaciones de una paria

51 FLOR.A 1'R!STAN es la población francesa; figúrese que hay en Valparaiso cerca de doscientos franceses U) . -Esa cifra es enorme. ¿Qué hacen para vivir? -Hacen el comercio con el Perú y Centro América. -¿Qué género de distracciones encuentran en este pais? -Los deos tienen mujeres, juegan y montan a ca• ballo; los que no lo son, °fuman cigarrillos, cortejan a las muchachas que pasan por los muelles y tienen el re• curso de los chismes. - -!Cómo! ¿En Chile también hay chismes? ¿y sobre qué? -Sobre todo. Siempre que se encuentran dos fran• ceses, no pueden faltar los temas. Cada navío que lleg9J les proporciona un nuevo sujeto. En este momento, el Mexicano y usted particularmente, cautivan toda su atención. En efecto, nuestra estada en Valparaíso ocupaba mu• cho a estos franceses, quienes, en realidad, son los seres más habladores y más chismosos que sea dable imagi– nar se destroza,n entre ellos sin ninguna éonsideración Y se hacen detestar de los habitantes por las bromas que no cesan de dirigirles. Es asi como se muestran, ge• neralmente, en países extranjeros nuestros queridos com• patriota$. Mme. Aubrit tenía una mesa común en donde se reunían cuarenta o cincuenta de ellos. Cuando vieron que no quería presentarme, me hicieron pedir permiso para visitarme. Quizá hice mal en negarme a satisfacer su curiosidad : pero confieso que no sentía ninguna dis• posición de hablar de lugares comunes con esos señores. Mi negativa los ofendió y desde ese momento, me hiele• ron todas las pequeñas maldades que pudieron. · Creo que mi huéspeda, la señora Aubrit. merece figu• rar aquí. Presentaba en Valparaíso el tipo de la modis• tilla de París. Ha!:Jía sido modist;;>. y tenia unos treinta ;( l) Corresponde este cuadro a la época ;,ortaliana. N. E,

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