Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 5I hubiera hecnu pasar por ioca a los ojos de las gent es; pero no fué esta consideración la que me detuvo. Ya. en esa época, tenia costumbre de seguir la voz de ml con• ciencia. Los afe·ctos de mi corazón podian disuadirme pe• ro no los razonamientos del mundo. M. David vino a verme. Me pareció realmente ape– nado por la desgracia que me babia ocurrido. Me habló primero con bondad y en seguida sacó a relucir .su filo– sofia; después, cainbhindo de curso a la conversaciór1. me dijo : -¿Sabe señorita, que aqui se habla mucho de ,, ed desde su llegada? -¿Y a propósito de qué? - ¡Ah! porque es usted la sobrina de don Pio de !l'ristán, muy conocido en Valparaiso por su larga per• manencia aqui durante su destierro: porque es usted francesa y esos dos capitanes dijeron que era usted una belleza, una divinidad, y en fin porque están sorprendi• dos de que hayamos vivido, ocho, durante cinco meses con usted, y no nos hayamos batido los ocho al llegar aqui, como sucede frecuentemente cuando hay una mu– jer a bordo. Nos acometen a preguntas acerca de usted y todos tienen el más vivo deseo de conocerla. -¡Ah, señor! comienzo a sentir la verdad de sus opiniones: los hombres son muy malos. -Querida señorita, no ha visto usted nada todavia y si se deja llevar de su sensibilidad tendrá mucho que sufrir en . este pais. Hay que acorazar el corazón, como los antiguos caballeros se ponían corazas sobre el pecho. Sobre todo, oculte sus impresiones; que no se den cuenta de todo el daño que le hacen, pues, si lo perciben. todo se perdería. Son tan cobardes que, desde que ven caer a un hombre, se arrojan sobre él para abrumarlo. -¿Ha oído hablar mal de mi tio? -No le· repetiré todo cuanto se dice de él, esfl 1a apenarla inútilmente. Espere; spara Juzgarlo. conocerlo usted misma. Aquí. lo oue hav oue observa.1· de r.nr :n~ ..
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