Peregrinaciones de una paria

'PEREGRINACIONES DE UNA PARI.! 49 ~uadro horrible sobre el que mi historia es~aba trazada. ion caracteres de fuego. Me siryieron la comida, y co– ni. . . a tal punto, en esta crisis de dolor inextinguible,. ni alma se habl.a separado completamente de mi cuerpo. ;)os seres habitaban en mi.: uno para la vida física, res• pondl.a a las preguntas que se le dirigían, veía los obje– :os que lo rodeaban; y el otro enteramente espiritual ,ivía su vida de visiones, de recuerdos, de presentimien– ;os. Por la tarde, M. Chabrié entró a mi cuarto, vino a 3entarse cerca de mi, me tomó de la mano, la apretó ~ariñosamente entre la suya y lloró. Tenia una de esas naturalezas felices, cuyo dolor se desvanece con las lágrl• mas. -tDios mio -me dijo después de un largo sllencio-, ¡querida amiga! ¿Qué podría decirle para consolarla? ¡Estoy aterrado! Desde esta mañana, no he podido jun• tar dos ideas. No me he atrevido a venir, mi pobre Flora:' su dolor está aquí, en mi viejo corazón, como una ancla que se hunde en el fango por su propio peso. ¡ Qué ha• cer! En nombre de ml amor, digame qué puedo hacer. Contemplé el mar con un movimiento de desva.rio. Hubiera querido que Chabrlé me precipitara en él. -l Quiere regresar? . .. -¿Regresar? .. . ¿Y a qué país? -Querida Flora ¿qué tiene usted? ¡Dios mio, qu~ frias están sus manos, cómo quema su frente! Querida amiga, cálmese; su sufrimiento me mata. El también contempló el mar y gruesas lágrimas cayeron de sus ojos. · De repente, rompió el silencio que reinaba entre nos– otros y me dijo: -¡Bien Flora! Mientras más pienso, más insisto en creer que este acontecimiento es feliz para los dos. S1 usted hubiera encontrado a su abuela en Arequipa, to• dos sus asuntos de interés se hubieran arreglado como usted lo deseaba: hubiera sido rica. ¡Oh! mi querld~ amiga. Este pensamiento ¿no la hace estr emecer? .•• ¡Usted rica y yo pobre! Usted lo comprende, Flora, en este caso me hubiera sido preciso renunciar a usted. ¡Re- i

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