Peregrinaciones de una paria
48 FLORA TRISTAN Por la noche no pude dormir. Un presentimiento con• fuso, una voz misteriosa me decía que una nueva des– gracia iba a caer sobre mi cabeza. En todas las grandes crisis de mi vida he tenido presentimientos semejantes, Creo que, cuando estamos reservados para grandes pesa– res, la Providencia nos prepara a ellos por advertencias secretas, a las que prestaríamos mayor atención si no estuviéramos seducidos constantemente por nuestra vana. razón, que nos engaña sin cesar y nos arrastra siempre. Después de haber h echo mil suposiciones, todo lo vi peor; me representé muerta a mi abuela, a mi tío que me recha– zaba, y a mí sola, a cuatro mil leguas de mi país, sin apoyo, sin fortuna, sin ninguna esperanza. Esta situación tenía algo de tan terrible, que su mismo horror levantó mi energía, me dió conciencia de mí misma y esperé el acon– tecimiento con resignación. A la mañana siguiente, M. Miota regresó a verme ha– cia las once. En cuanto llegó, leí en su rostro que tenía. alguna nueva siniestra que darme. -¡Mi abuela ha muer– to! . . . le dije. Quiso tomar algunas precauciones para. anunciármelo, pero el golpe estaba dado. Había muerto el mismo día de mi partida de Burdeos. ¡ Oh! confieso que por un momento sentí vacilar mis fuerzas. Esta. muerte me quitaba mi único refugio, mi única protec– c :ón, mi última esperanza. M. Miota se retiró, compren– diendo bien que, en momentos semejantes, se necesita. soledad; sin embargo, me dijo, al dejarme: -Voy a de– cirle a M. Chabrié que venga a verla. Ese buen joven no sabía que, para mí, Chabrié también había muerto . .. Existen dolores tan por encima de aquellos a que uno está expuesto por lo común, cuyas garras rudas y ardientes penetran tan profundamente, que ninguna len– gua tiene palabras para describirlos. De esta naturaleza. fueron los que sentí a la nueva de esta muerte que ani– quilaba todas mis esperanzas. No vertí una sola lágrima. Con los ojos secos, ardientes, hundidos en sus órbitas, hinchadas las venas del cuello y de la frente, las manos frias y crispadas, permanecí más de dos horas en la mis– ma actitud, contemplando el mar, que me parecía un
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx