Peregrinaciones de una paria

FLORA TRISTAN narineros restablecieron el orden, tan neeesario a bordo ie las embarcaciones. Esta primera tentativa no nos hizo más prudentes. 1 nos expusimos de nuevo a peligros certeros, de los que ;mdimos ser víctimas, por un falso punto de honor que nduce a menudo a los marinos a desafiar inútiles pe– lgros, y les hace comprometer la existencia de los hom• bres y la seguridad de los navíos confiados a sus cuida– dos. A la mañana siguiente, 10 de abril, el mar conti• nuaba igualmente agitado y esos señores que eran muy prudentes, juzgaron con razón que se debía retener al piloto, hasta que el tiempo fuese suficientemente seguro para devolverlo sin peligro; pero cerca de nosotros esta– ban anclados otros dos barcos que zarparon de :Surdéos el mismo día y para el mismo destino: el Carlos Adolfo y el Fletes. Este último, por fanfarronada, sin duda, de- . volvió al piloto y tomó de largo; el otro no quiso que– darse atrás, e hizo otro tanto. Esos señores del Mexicano comenzaron por censurar la imprudencia de los otros navios; pero, aunque fuesen poco susceptibles de dejarse dominar por el ejemplo de otro, el temor de pasar por. miedosos los _hizo abandonar su primera determinación. Hacia las cuatro de la tarde, despidieron al piloto y nos encontramos en medio de las olas embravecidas; como altas montañas, se elevaban en torno de nuestra nave; no eE'tábamos sino a un punto del abismo y la reunión de do:; olas nos hubiera sepultado. Estuvimos tres días antes de poder salir del golfo, continuamente azotados por la tempestad y en la si– tuación más critica. Todos nuestros hombres, enfermos o rendidos de fatiga, estaban imposibilitados de hacer su servicio. Durante esos tres largos días de agonía, nues– tro bravo capitán no dejó el puente de su navío; me ha dicho después que, muc'has veces, había visto a nues– tro d'ébil brlck a punto de estrellarse contra las rocas Q ser devorado por las olas. Gracias a Dios, escapamos fe– lizmente; pero semejantes peligros ¿no deberían hacer reflexionar a los marinos que todos los días cometen ta• les imprudencias?

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