Peregrinaciones de una paria
FLORA TRlSTAN té usted igualmente persuadido que entonces la pobla• clón servil en vez de prosperar, como sucede actualmen• te, disminuiría en la misma proporción que la población negra de América. -Pero la trata está ya abolida y mientras más va– lor tengan nuestros productos, más interesados estare– mos en conservar nuestros esclavos. -Parece que debería ser así, y usted ve, por su pro– pia experiencia, que sucede lo contrario. El presente es todo para el hombre. Los propietarios no se contentan con vivir del producto de sus ingenios, quieren que esas entradas les proporcionen con qué pagar la adquisición de ellos, si la deben todavia, o el modo de crearse una. fortuna independiente. Ninguno de ellos consentiría en disminuir su cosecha en la mitad para hacer cultivar a sus negros mayor cantidad de plantas alimenticias, con– cederles mayor descanso y mejorar su suerte. Además, en los grandes establecimientos, los esclavos reunidos en numerosos obrajes, constantemente bajo la mirada de su amo, hostigados sin cesar, sufren una tortura moral que debe bastar para hacerlos considerar la vida con 'ho• rror. -Señorita, usted habla de los negros como persona. que no los conoce sino por los discursos hermosos de sus filántropos de tribuna; pero es, desgraciadamente, de– masiado cierto que no se les puede hacer marchar sino con fuete. -Si es asi, señor, le confieso que hago votos por la. ruina de los ingenios y creo que estos votos serán escu– chados muy pronto. Dentro de algunos años, la betarraga destronará a la caña. -¡Oh! , señorita, si usted no tiene otro enemigo más poderoso para oponernos ... , e.s una broma aquella de sus betarragas. Esa raíz es buena a lo más para endul– zar la leche de las vacas en invierno, cuando éstas se ,alimentan con pastos secos . -¡Ríase, ríase, señor! Pero con esta ra1z de la que · se . burla, podríamos nosotros en Francia prescindir de su caña . El azúcar de betarraga es tan buena .como la su:va
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