Peregrinaciones de una paria
296 FLORA TRIST Al\ das en las cuales se venden refrescos y se ejecutan las danzas más indecentes. El gran mufldo, durante los dos meses de la estación, frecuenta estos sitios y el im– perio de la moda, el deseo de ver y de ser visto hacen pasar los numerosos inconvenientes que ofrecen. El ca– mino es muy malo; los caballos se hunden e:a la arena hasta las rod1Ilas; el viento es frio; y por .la tarde, sl uno se demora en retirarse, corre el riesgo de ser dete– nido por los ladrones que abundan en Lima. A pesar de todo, los limeños acuden con un verdadero furor; for– man grupos, llevan su almuerzo y comida y pasan la noche. No me limité a visitar los paseos y los edificios de Lima. Traté también de introducirme entre los princi– pales habitantes, para conocer las costumbres· y los Usos. Había sido recomendada a muchas famil1as y. además a dos primas - de Arequipa: la señora Baltazara de Bena– vides y la señora Inés de Izcue. Fui muy bien acogida en estas dos casB.s, en donde me dieron dos comidas de etiqu~ta. Nada en el mundo es más pesado que estas comidas. Se despliega un gran lujo en la vajilla, en el cristal, en todas las cosas, pero particularmente en los guisos y golosi,1as de mu clases. Lima se distingue por sus progresos en la cocina. El arte culinario está flore– cient e y, desde hace diez años, todo se hace a la francesa.. El paí¡; proporciona muy buena carne, buenas legumbres, pescado de todas cla,ges y gran abundancia dé frutos exquisi~os; es fácil confeccionar, con poco gasto, un sun– tuoso menu. Esos banquetes me causaban a mí, que tengo - el ht b:to de comer en diez minutos, una fatiga inima– ginah!e; se sirven dos y tres veces y es preciso comer de todo para no infringir los usos de la cortesía. Necesi– tabo. constantemente repetir las mismas excusas; decir ·hasta la saciedad que no comía ni sopa ni carne y que mi aliment:=ición se limitaba habitualmente a legumbres, frutas y leche. Se quedan dos horas en la mesa. Durante ese tiempo, la conversación versa sobre la excelencia de los guisos y se dirigen elogios en términos pomposos al dueño de la casa. Como eu. Arequipa, se tiene también
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