Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 271 estaba sola, Mme. Denuelle subia a mi cuarto y su il).ter– minable conversación era tan instructiva como divertida• . Almorzaba y comía con los pensionistas; la casa reunía a muy buena sociedad: oficiales de las marinas inglesa, americana o francesa, negociantes y gentes del pais. Mientras dura·ba la comida me divertía mucho. Co– mo tengo el oído muy fino, la maliciosa Mme. Denuelle a cuyo lado estaba yo colocada, me decía en voz baja fas cosas más graciosas, las más risibles sobre_.las perso– nas presentes y todo esto, haciendo con gracia, los ho– nores a la mesa, sin que su cara traicionara en nada nas palabras que me decía. Después de la comida, me contaba chismes o remedaba a los indiv1duos y siempre me hacía reír hasta las lágrimas. Lo que me había ga– nado su buena vqluntad, era el saberla escuchar. No te– nía yo en eso gran mérito, porque me agradaba oirla; · pero ¡qué tesoro para una actriz, encontrar después de diez años de destierro, a una persona a quien sus gestos divierten y sus relatos interesan! Sin embargo, tenia muy p<;>co tiempo para consagrar a Mademoiselle Aub'é. Por la mafí.ana recorría la ciudad; iba a menudo a co– mer en las casas donde me habían invitado; y las visitas, los paseos, el teatro, las reuniones y las charlas intimas con mis nuevos amigos me ocupaban todas las noches. vm LIMA Y SUS COSTUMBRE~ Mi tía Manuela me sirvió de gran ayuda; me hizo conocer la ciudad y a la alta sociedad; me demostró mucha amistad; pero no es este sentimiento el que hace nacer las relaciones de simpatía y creo que ésta no exis– tió nunca entre nosotras. Por hermosa é¡ue fuera, sus ojos no expresaban franqueza y no miraban jamás de
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