Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 267 primera escena, su voz, su aire, su modo de representar levantan murmullos, canta su aria y la multitud per– manece muda; ningún aplauso la alienta; escucha hasta. observaciones malévolas. La desgraciada entra a los bas– tidores con la cabeza ardiente, con las arterias hincha– das como si se le fueran a romper. Su boca está seca; ;bebe para humedecerla, repasa su parte· que teíne no saber bien; el público espera; es menester reaparecer en · la escena. En esa noche todo le es fatal; el vestido no ~ le sienta, la hace parecer más alta Y. más delgada de lo que . en realidad es. Todos los anteojos están dirigidos sobre ella; los mismos que las otras veces la habían en– contrado tan hermosa, exclaman: ¡Es fea! La actriz no escucha estas palabras, pero la relación magnética que existe entre el actor y el público le hace comprender que las han dicho. Está aterrada; las lágrimas la ahogan; un temblor agita sus miembros; ve todo el pellgro de su situación y su terror redobla. Sin embargo, hay que can– tar... Con la fuerza de la desesperación, canta; pero, su voz tiembla y canta en falsete. En seguida, una griteria. se eleva de todas partes y 103 silbidos acaban de transtor– nar a la desgi;aciada artista. Siente un sudor frío por todo su cuerpo, no oye ya la orquesta; sus miradas ate• rradas se detienen sobre esos millares de cabezas, cuyas risas le escarnecen, cuyas palabras la ultrajan; perma– nf-ce inmóvil, deseando que el piso se hunda bajo sus· pies, para verse Ubre para siempre de esas risas infer•– nales, de esos gritos demoniacos. El murmullo aumenta;1 la infortunada no ve nada; una nube delante de los ojos le oculta las luces; toda su sangre afluye hacia su corazón; sus piernas se doblan bajo su peso; hace un último .esfuerzo y se precipita fuera del proscenio en donde cae como muerta. Mme. Denuelle me ha referido mu– chas veces su desventura. La -impresión habla sido tan cruel y su recuerdo se babia grabado tan pr-0fundamente en su _memoria, que sorprendidos en ·el ca:bo de Hornos, por una violenta tempestad, cuando todos a bordo, presa; de ·la desesperación, velan la muerte en cada olá, ella decía al capitán: º¡Oh! No es de hoy que conozco la
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