Peregrinaciones de una paria

266 ' FLORA TRISTAN casa está el comedor; la mesa es de cuarenta cubiertos: al lado está un hermoso salón que comunica con una sala de billar; · esas dos piezas dan a un pequeño jardín. El mobiliario de todas estas salas es cómodo y rico; se encuentra la elegancia francesa y el confort inglés. El servicio de mesa es muy hermoso; se ve el mismo lujo que en Londres, en el hotel Brunet. Los departamentos que alquila a los extranjeros están siempre muy biP.n te• nidos; buenas camas, ropa elegante, nada falta; los sir• vientes son franceses o ingleses, de suerte que todo se ha-ce con mucha vivacidad y limpieza. Eso en lo que con-. cierne a la casa. En cuanto a la huéspeda ¡oh! ¡ese es el resumen de una larga historia!, historia de cuarenta años de vida de una mujer agitada por fortunas dlver• sas, durante las cuales ha tenido ocasión ~e conocer todo. de agotar todo. La señora Denuelle que hoy tiene tin hotel en Lima. no es otra que la hermosa, la magnífica, la seductora Mademoiselle Aubé, que debutó en la Opera en, el rol de la Vestal. Su voz fresca, sonora y extensa, obtuvo en este rol el más brillante 'éxito. Fueron aplausos convulsi– vos, aturdidores durante la primera, la segunda y la ter– cera aparición de mademolselle Aubé. Tres veces coro– nada por las aclamaciones del entusiasmo público, la de• butante, llegaba a la cima de las grandezas ,teatrales y l:flrmó un contrato de 15.000 francos al año con el di– rector. En la embriaguez de su alegria, convidó a todos sus amigos a un banquete espléndido. ¡Ah! ¡fué un dfa. de gloria y de felicidad!, ¿cuántos adoradores tuvo? El mundo entero estaba a su pies; el sonido de su voz vi• braba en todos los corazones y se esperaba que en todos [os papeles mademolselle Aubé seria tan sublime, excl• taria los mismos transportes y baria sen~ir los mismos arrebatos que en el de la Vestal. ¡Cuántas envidias había. levantado un éxito tan brillante! Su nombre estaba so• bre el cartel; la multitud Invadía el teatro. Mademolselle '.Aubé recitaba un nuevo papel; se presentó . . . Pero, ¡qué repentina metamorfosis se había operado en el público; sólo es acogida por los aplausos de algunos; desde la.

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