Peregrinaciones de una paria
256 FLORA TRISTAN .d1r1a asilo. Los dos monjes, después de algunas vacilaclo- . nes, aceptaron mi propuesta y me ayudaron a decidir a sus hermanas. Salí entonces con ellos a fin de recono– cer la calle y abrir la puerta de su casa que está situada. al lado de la iglesia; al no ver a nadie fuera, el hermano Diego fué a buscar a las señoras y una vez que entraron. se cerró la puerta con barricadas. Nos reunimos todos en la pieza del fondo de la casa . En muchas ocasiones, al– gunos soldados golpearon la puerta de la calle con la cu– lata de su fusil; las pobres señoras temblaban de miedo y los dos monjes no llegaban a tranquilizarlas. A las doce de la noche, sentí tal necesidad de dormir que hubiera sido vano intentar resistir, no habla camas, me arrojé sobre un mal colchón de paja y dornú profun– damente hasta el dia siguiente a las ocho. VlI ~l) UN HOTEL FRANCES EN LIMA La señora Denuelle me condujo a un salón amuebla– do a la francesa. Hacia apenas cinco minutos que esta– ba sentada, cuando vi entrar a doce o quince franceses, todos mur afanados por verme. Me conmovió esta prueba de interés, conversé algunos . instantes con ellos y les agradeci esta acogida afectuosa-;- en seguida, la señora. Denuelle me condujo al pequeño departamento que me destinaba; éste se componía de un salón y de un dormi– torio. Habia salido de Arequipa, cargada de cartas para una multitud de personas de Lima. M. Smith, siempre de una complacencia inagotable para conmigo, me había ofrecido, (1) Se omiten los capitulos 'ºUna tentación'" y "Mi partida de Arequlpa... · ·
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