Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 253 esta misión. Sabia que ellos eran furiosos gamarristas, hablé al prior, a don José, al capellán. de mi tío, en una. palabra, lo hice tan bien, que se decidieron. Cuatro o cin• co empleados de la alcaldla se unieron a ellos; partieron y una hora más tarde, los vimos regresar a la cabeza de dos regimientos, uno de caballería y otro de infanteria . .Asl, pues, venclan los gamarrlstas. El sábado 5 de abril, a. las ocho de la noche, tomaron posesión de la ciudad de Arequipa. Cuando el prior y los monjes entraron al convento, nos refirieron todo lo que habían podido averiguar. -Hermanos mios-dijo el buen prior-, les confieso que no estoy sin inquietudes; ustedes saben que com– prendo bastante bien el quech'Qa; todo lo que he oido de la conversación de estos indios me prueba que tienen muy malas intenciones. Lo que hay de más terrible es que es– tán sin jefes. No puedo explicarme por qué. Hemos en– contrado en la casa de· Menao a unos sesenta hombres ce a caballo, quienes tenian por jefe a un simple porta– bandera y a ciento cincuenta hombres de infanteria, mandados por dos suboficiales. Los hemos conducido a la. a.lcaldia, donde uno de fos empleados· los ha enviado a. los cuarteles. Les he oido murmurar en su lengua; muchos de ellos decian: "Pero nos 'hablan prometido el saqueo de !la ciudad..." Hermanos ----0ontinuó el prior-, les repito que estoy muy inquieto y no les ocultaré que su presen– cia aqui redobla mis inquietudes. Se sabe que ustedes han traldo a nuestros conventos todo cuanto tienen de más precioso y necesariamente, si esos soldados roban vendrán a las iglesias. A estas palabras, todos los asistentes lanzaron un grito de espanto. El padre Diego Cabero, el cerebro de la. comunidad, hombre de espíritu y de talento, pero de un carácter áspero y altanero, y según declan, muy malo, to– mó la palabra para dirigir los más vivos reproches al prior. -Pues bien, padre prior, usted conviene entonces en que tenla yo razón, cuando no cesaba de repetirle, desde el principio de estos asuntos, que su excesiva bondad Y su cobarde debilidad, traerían sobre nuestro santo mo-

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