Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA l33 se ni una gota de agua. En cuanto San Román pudo apreciar su situación, no supo sino desesperarse y llorar como un niño, como hemos sabido después. Felizmente, para su partido, tenia a su lado a tres jóvenes oficiales cuyo valor, firmeza. y talento lo sacaron del aprieto. MM. 'J'.orres, Montoya y Quiroga a quienes sus cualidades ha- · cían dignos de servir mejor causa, se apoderaron del co– mando, reanimaron la moral del soldado, apaciguaron los insolentes murmullos de las rabonas y dando el ejemplo de la resignación que todo militar debe tener en seme– jantes momentos, cortaron con sus sables unas ramas en fórma de raquetas que crecen en abundancia en la mon– taña, las mascaron para aplacar su sed y las distribuye– ron a los soldados y a las rabonas, quienes todos, las re– <;ibieron con sumisión y se alimentaron con ellas sin atreverse a replicar. Pero estos oficiales comprendian que este medio no podía calmar la irritación de sus hombres sino por algunas horas . Se decidieron a arries– gar el combate, prefiriendo morir por el hierro y no de sed. El teniente Quiroga preguntó a los soldados si que– rfa.n rP-tlrarsP. sin combatir, huír vergonzosamente en presencia del enemigo y exponerse, a su regreso a Can– gallo, a perecer de hambre y de sed y morir en el de– sierto como animales, o preferían. hacer sentir el poder de su brazo a esta tropa de fanfarrones incapaces de resistir a pesar de su número. Esos soldados, que en l'Ualquiera otra circunstancia, hubieran huido solamen– te a la vista de sus enemigos, respondieron con aclama– ciones a esta arenga militar y pidieron el combate. Era cerca de las siete de la noche ; acababa de subir nuevamente a mi puesto de observación; parecia reinar la calma en los dos campos; se suponía · que, en vista de la hora avanzada el combate no se empeñarla sino al ra– yar el día. De repente, vi destacarse del batallón cua– drado de San Román a una especie de porta-bandera, seguido inmediatamente por todo el escuadrón de caba– lleria . Y luego del ejército de Nieto, avanzaron a su en– cuentro los dragones dirigidos por el coronel Carrillo; los dos escuadrones se lanzaron a paso de carga; cuan-

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