Peregrinaciones de una paria
226 FLORA TRISTAN cido el proyecto de su ama, cuando la negra pudú traer el cadáver. Hubiera sido peligroso pedirlo en el hospital, en donde, por lo demás, no lo hubieran proporeionado sino a cirujanos y para uso indicadc;>, pues, en Arequipa no hay escuela de medicina. Era casi imposible obtener el cuerpo de una mujer muerta en su casa. Aseguran, también, que sin los buenos oficios de un joven cirujano que fué admitido en la confidencia, la buena amiga de Dominga hubiera acabado sus dos años de portera antes de que la esclava hubiera podido procurarse el cadáver que debía, en el convento, hacer creer en la muerte -de su ama. Una noche sombria, la negra dominó sus terro– res, pensando en la recompensa prometida y cargó sobre sus hombros, el cadáver de una india muerta desde hacía tres días. Llegada a la puerta del convento, hizo la señal convenida; la portera, temblorosa, abrió y la negra en silencio, depositó el fardo en el lugar que con el dedo le mostró la portera. La esclava fué en seguida a apos– tarse en un rincón de la calle de Santa Rosa, para espe– rar a su ama. Dominga era, desde hacia muchos dias, presa de las más vivas inquietudes por los obstáculos sin cesar re– nacientes que dificultaban la ejecución de su planes. Es– peraba con una ansiedad inimaginable, el resultado de las últimas gestiones intentadas para conseguir un ca– dáver de mujer, cuando su amiga la portera vino a pre– venirle que su negra lo había introducido al convento. A esta noticia, Dominga cayó de rodillas, besó el suelo y después, dirigiendo los ojos sobre su Cristo, permane– ció largo tiempo en esta posición, como abismada en un sentimiento inefable de amor y de reconocimiento, Por la tarde, la portera puso el cerrojo en la puerts., sin cerrarla con llave; en seguida fué según lo exigía la regla a llevar la llave a la superiora y se retiró a su tumba. Dominga, hacia las doce de la noche, cuando juzgó que todas las religiosas estaban profundamente dormidas, salió de su tumba, en donde dejó su pequeña linterna sorda y fué al lugar indicado por la portera a tomar el cadáver. Era una carga muy pesada para los
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