Peregrinaciones de una paria

218 FLORA TRISTAN Tenia, como médico de la comunidad, el derecho de penet!-;,r en el interior de los claustros; un día, acechó el instante en que los patios estaban desiertos y aprove– chó para ir y presentarse a la celda de Margarita. En– contró a la religiosa acostada e inconocible, tan pálida y c'dgada la había puesto el sufrimiento. A la vist&. del doctor, todas las personas presentes lanzaron un grito de espanto; la enferma se desvaneció. El viejo Esculapio no sabía en dónde se hallaba; no podía explicarse como él, médico del convento desde hacía veinticinco años, cono– c ido por todas estas señoras de la comunidad, quienes, todas, lo trataban con familiaridad, podía producir tan terrible efecto en las que estaban en la celda de la en– .ferma. Quiso aproximarse al lecho de Margarita para ofrecerle sus cuidados, pero todas las religiosas se preci– pitaron sobre ~l para rechazarlo. La alarma producida y el misterio con que estas señoras se envolvían, hicieren nacer en el pensamiento del viejo doctor las más extra– ñas sospechas: estaba estupefacto. Lleno de respeto por el convento de Santa Catalina, al que desde hacia tanto tiempo servia con celo y receloso de la santidad de sus religiosas, se persuadió de que era su deber y el de su religión prevenir a la superiora de lo que ocurría. Sin embargo, lo que en el fondo de su alma lo apenaba más, era el ver que la hermana Marga.rita no tuviera suficier,– te confianza en él para reclamar sus cuidados. Llegado 2 rire senda d 0 la euveriora. Bagras que conocía su ex– trr.ma vivacidad, no osaba hacer un largo preámbulo y · con to do, no sabía cómo hacer para a1:>ordar claramen.– te el tema. La venerable señora, cuya inteligencia es realmente extraordinaria, comprendió el pensamiento del viejo doctor, antes de que encontrara palabras para ex– presarlo. Esta anciana religiosa, con toda la extravagan– cta y la alegría de su espíritu, ha sido siempre de una severidad de principios y de una virtud ejemplares. bu– fria en el alma y se escandalizó horriblemente ante la idea de que se pudiera sospechar a una de '3us religiosas de haberse apartado de las reglas de esa virtud, que ella cree existir -en el corazón de todas las hermanas, con la

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