Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 189 dia femenina permite en seguida juzgar los sufrimientos de estas desgraciadas 'y la vida de peligros y fatigas que .llevan. Las rabonas están armadas; cargan sobre mulas Jas marmitas, las tiendas y en fin, todo el bagaje; arras- tran en su séquito a una multitud de niños de toda. edad; hacen partir a sus mulas al trote, las siguen co– i-riendo, trepan asi las altas montañas cubiertas de nie- ve, atraviesan los ríos a nado, llevando uno y a veces dos hijos sobre sus espaldas. Cuando llegan al lugar que se les ha asignado, se ocupan primero de escoger el mejor emplazamiento para acampar; en seguida descar– gan las mulas, arman las tiendas, amamantan y acues– tan a los niños, encienden los fuegos y cocinan. Si no· están muy alejadas de un sitio habitado, van en desta– camento para buscar provisiones. Se arrojan sobre el pue– blo como bestias hambrientas y piden a los habitantes víveres para el ejército. Cuando los dan de buena volun– 'tad no hacen ningún mal; pero, si se les resiste, se ba– ten como leonas, y con valor salvaje, triunfan siempre de la resistencia. Roban entonces, saquéan la población, Uevan el botin al campamento y lo dividen entre ellas. Esas mujeres proveen a las necesidades del soldado, lavan y componen sus vestidos, pero no reciben ninguna paga y no tienen por salarios sino la facultad de robar impunemente. Son de raza india, hablan esa lengua y no saben una palabra de español. Las rabonas no son ca– sadas, no pertenecen a nadie y son de quien ellas quieren ser. Son criaturas al margen de todo . Viven con los sol• dados, comen con ellos, se detienen en donde ellos a.cam– pan, están expuestas a los mismos pellgros y soportan aún mayores fatigas. Cuando el ejército está en marcha, es casi siempre del valor y de la intrepidez de estas mu– jeres que lo preceden de cuatro o cinco horas, de lo que depende su subsistencia. Cuando se piensa en que ade– más de llevar esta vida de penas y peligros, cumplen los deberes de la maternidad, se admira uno de que puedan resistir. Es digno de notar que, mientras el indio pre– fiere matarse antes de ser soldado, las mujeres indígenas abrazan esta vida voluntariamente y soportan las fati•
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