Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARI~ 17e -¿Por qué?, ¿por qué? Porque quiero primero que me paguen los 150.000 pesos que me deben; en seguida porque mi estado es el de ser soldado y aqui se baten. Oigo a veces. algunos tiros de fusil y eso me recuerda mi_s buenos tiempos. Ahora estoy un poco viejo para ir a en– rolarme bajo el estandarte del Pachá de Egipto o bajo el del príncipe Otón. Además, Florita, los ejércitos de Oriente me parecerian muy mezquinos, después de los que he visto; por otro lado, en aquellos países no 'habrá de qué reír, mientras aquí me divierto como un loco con todas sus necedades y ya eso es algo. Prima, el do– mingo usted verá al general. Felicítelo por su hermoso cuerpo de inmortales, se siente muy halagado cuando usted ·"habla de guerra con él y me pregunta a menudo lo que piensa sobre todos estos asuntos. A veces me pro– voca contestarle que lo considera a él como al primero entre los ignorantes. -Althaus, los lobos no se devoran entre ellos. Esté tranquilo, el domingo le diré que jamás he visto en París nada tan grandioso y tan magnifico. · -¡Oh! lo creerá. Tal es el carácter peruano, vanidoso, fanfarrón, cré– dulo, destroza todo con la palabra y es tan incapa~ de firmeza en la acción como de perseverancia en una re– solución valerosa. El movimiento tumultuoso de ·1a ciudad, mis nume– rosas relaciones y mis conversaciones intimas con mi tío, Althaus y Manuel me proporcionaban una existencia va– riada y bastante ocupada; pero nada de esto interesaba. mi corazón y desde entonces, un vacio espantoso, una tris– teza indecible se apoderaron de mí. Los seres de natu– raleza amante, no podrían vivir únkamente de la agita– ción provocada por los acontecimientos exteriores, nece– sitan afectos. Reconocí, aunque demasiado tarde, que, empujada por el dolor, había cedido con imprudente fa– cilidad a mi imaginación, al venir a buscar en el Perú una tranquilidad, una felicidad que sólo podía encontrar en el seno de las dulces emociones que ya no me era

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx