Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 169 catorce años, la sede episcopal de Arequipa. Obtuvo esta. alta dignidad mediante la todopoderosa influencia que en .los asuntos del Perú tenia su hermano don Manuel, conde de Guaqui, muy en favor entonces en la corte de Femando. El obispado de Arequipa produce anualmente cerca de 100.000 pesos; pero el obispo está obligado, se– gún las disposiciones impuestas por la ciudad al conce– derle esta suma, a distribuir una parte de ella, a los pobres. Esta obligación, que sería injuriosa para el ca– rácter apostólico de un obispo, si la caridad fuera infa– liblemente la virtud de los prelados nombrados por las cortes, fué para los desgraciados de Arequipa una ga– rantia insuficiente de la beneficencia del señor de Goye– neche. Ya he dicho que el vicio dominante de esta familia es la avaricia. En el obispo llega a una escandalosa exa– geración ... No solamente privaba a los pobres de las limosnas a que tenían derecho sobre su enorme renta, sino _que aun cometía diariamente actos de la más irri– tante dureza. Una pobre viuda, desprovista de todo re– curso, vino a solicitar un socorro y el obispo le hizo dar un real (14 céntimos). Un padre de familia se fracturó un miembro y le envió una limosna de igual valor. Una señora pobre, de muy alto nacimiento que había perdido a una hija a quien amaba tiernamente, fué un día donde el obispo y le rogó darle tres pesos (15 francos) que le faltaban para levantar una modesta piedra sobre la tum-· b:?, de su hija. El obispo se los negó... Cuando mi abuela murió, los pobres todos seguían el convoy hasta el ce– menterio y repetían llorando: ''Perdemos a una mujer que nos daba en un mes más que el obispo en todo eli año". Esta horrible avaricia ha atraído sobre él y sobre su casa el desprecio público hasta tal punto, que se ha. hecho· proverbial decir, cuando alguno comete una mez– quindad: es a la Goyeneche. Pero si su extremada avari– cia priva de estimación y de afecto a toda esta familia, ella se aplica, con un exterior lleno de afabilidad, de wrtesía y de modestia, en conciliarse el respeto de to– dos. El mendigo desarrapado a quien se niega una ll•

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