Peregrinaciones de una paria

164 FLORA TRIST AN pública y esto con una originalidad tal, como para reír tanto como él. -Florita, cuéntele a; don Pío, en gran confianza, to-– do cuanto acabo de decirle. No me molestaría si lo su– piese, pero no quiero que lo sepa por mí. -Althaus, usted debería aconsejar a esas gentes. Usted ve bien que no tienen ninguna idea de lo que de– ben hacer en las graves circunstancias en que su igno– rante temeridad los ha colocado. --iDarles consejos! ¡ah, Florita! se ve que no conoce todavía el espíritu de las gentes de este país. Son tan necios y presuntuosos que creen tener en ellos la ciencia. ·1nfusa. En los primeros años de mi estancia en América, me apenaba como usted al Yerlos cometer tantas faltas y les advertia con franqueza que si obraban de otra ma– nera, las cosas irían mejor. ¿Sabe usted lo que me su– cedio? Me suscité enemigos implacables entre todos estos imbéciles. DP.sconfiaron de mí, me hicieron misterio de todo. como usted ve el que éstos me han hecho con las armas, y sin la necesidad urgente que tenían de mis co– nocimientos, me hubieran arrojado de entre ellos como a un hombre abominable. Hubo de sufrir mucho al prin– cipio, con tales gentes; pero, al fin, adopté mi partida. y sin inquietarme más, los dejé hacer sus tonterías Y me contenté con embromarlos, pues, durante mi estada en Francia, conoci el poder del ridículo cuando se em– plea oportunamente y con habilidad. -Pero, Althaus, todo cuanto me acaba usted de decll" es muy alarmante. Semejantes extravagancias tendrán consecuencias desgraciadas para los habitantes de Are– qulpa. Si Nieto compra así todas las vejeces de los capi– tanes europeos, se verá obligado a recurrir a nuevas ex– torsiones, y por la manera como proceden, fatas se repe– tirán sin cesar. -Será como usted lo dice. El audaz monje V;tldivia. prepara ya su segundo bando. Esta vez, don Pío no se le escapará. Ugarte y Gamio van a ser esquilmados, pero, sobre todo, van a golpear sobre el obispo y su casa. ¡Ah,

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