Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 159 -La sabiduria, vecino, la sabiduría es cosa preciosa, convengo en ello; pero le aseguro que yo podría ser tan sabia como uno de esos sabios griegos o romanos cuyos nombres nunca he conocido y todo .eso no me pondría una onza en mi bolsillo. -Usted lo cree así, hija mía, y es ese precisamente su error. -Padre Hurtado, usted me va a hacer encolerizar nuevamente. Sucede lo mismo cada vez que converso con usted. No. va a tratar de probarme que su sabiduría es lo que le ha proporcionado los medios de comprar las siete u ocho casas que posee en la ciudad, su hacienda. Y su Ingenio azucarero; que es con su sabiduría con lo que ha criado a sus once hijos, les ha dado a todos edu– cación y dotado a sus hijas, que es con su sabiduría con la que puede sostener a su hija, religiosa de Santa Cata– lina, con un lujo que escandaliza a toda la comunidad. hacer ofrendas a los conventos, construir una !~lesia en el pueblo en donde está su hacienda... ¡Ah! Déjeme tranquila con toda su sabiduría. ¡Por Cristo! a ese precio todo el mundo seria sabio. -Si. Si las disposiciones para la sabiduría hubieran sido concedidas a todo el mundo. Pero he observado nten– tamente por todos lados, no descubro ningún sabio y no veo sino locos . .. Adiós, vecina... Mi querida señorita; Florita, puesto que está usted mejor, venga a visitarme. Tengo todavía muchas cosas curiosas para mostrarle en mi gabinete. Usted tiene todo, mi querida niña, para lle• gar a la sabiduría. Por eso me gusta tanto conversar con usted. Y se alejó. -¡Que el cielo te confunda, viejo loco, con tu sabl– duria! -exclamó Carmen-. Cada vez que -ese indio viejo me habla, me hace poner la carne de gallina. Tiene un entierro, estoy tan segura de ello, como de tener mi el• garro en la mano. Lo explota desde hace sesenta u ochen• ta años, pues, ese cholo ha sobrevivido a los má.s viejos. Su te.soro . le da para construir casas, iglesias e irrigar su

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