Peregrinaciones de una paria
158 FLORA TRISTAN quienes han arruinado, se retiran con su botín a las ciu– dades de Europa. Era evidente que Carmen sentía un gozo secreto en vengarse de esos avaros que habian criticado su manera de vivir, pero aceptaban sus cigarros de dos centavos, sus comidas y sus fiestas. Insistía para hacerme regresar a la ventana, pero ese espectáculo de la avaricia en pugna con la opresión me repugnaba. Me mostraba la humanidad bajo un as– pecto tan despreciado que resisti a las solicitaciones de · CM"men. -Al menos, Florita, venga a ver al viejo vecino Hur- · tado. El buen '.hombre · hace cargar estoicamente sus 6.000 pesos por su asno. Ese es filósofo... Veamos lo que nos va a contar. Me dejé llevar de la curiosidad por saber lo que pen– saba el viejo filósofo al dar sus pesos. -¡Bravo, padre Hurtado! Por lo menos usted no se :fatiga en cargar sus sacos hasta la Municipalldad. -Carmen, el filósofo no debe doblegarse sino bajo el peso de la sabiduría. Mi asno está destinado a cargar los fardos y no veo por qué el oro y la plata serían, por excepción, transportados· exclusivamente p,or los hombres, cuando el fierro, el cobre, el plomo, metales mucho más . útiles, se llevan sobre be.stias de carga. -Vecino, veo que procede usted de buena gracia, lo que es fácil cuando como usted se posee un entierro {1), pero los desgraciados, como don Pio de ·Tristán, Juan de Goyeneche, Ugarte, . Oamio y otros no pueden, usted com– prende, resignarse tan fácilmente. --Si, Carmen, usted tiene razón. Tengo un entierro, pues, la verdadera sabiduria es más inagotable aun que la tumba más rica de los antiguos Incas. ( 1) Se dice <;le las gentes que tiene una fortuna cuyo origen no se conoce, que tienen un entierro, porque los antiguos per_uanos eran enterrados con sus tesoros y cuando la conquista ocultaron aus riquezas en las tumbas.
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