Peregrinaciones de una paria

142 FLORA TRISTAN cosas humanas. Podían ser las cuatro. De repente, Ma• nuel se precipitó en el cuarto con un aire despavorido y nos dijo: -¿Saben ustedes lo que ocurre? El correo acaba de traer la noticia de que ha habido una horrible revolu– ción en Lima. ¡Una matanza espantosa! Ha causado aqui tal indignación que acaba de producirse espontáneamen– te un movimiento general. Todo el pueblo está reunido en la plaza de la Catedral. El general Nieto ha sido nom– brado comandante del departamento. Es una confusión de no saber qué creer ni qué entender. Mi padre me envía a buscar a mi tío Pío. -¡Bueno! -dijo mi prima sin conmoverse y sacu– diendo la ceniza de su cigarro-, anda a contar todo esto a don Pío de Tristán. Esos acontecimientos le interesan a él que puede ·temer pagar por los vencedores o los 1 :vencidos. Pero a nosotras ¿qué nos importa? Florita ¿qué ,es extranjera? y yo, no poseo ya ni un maravedí ¿qué \necesidad tengo de saber si se matan por Orbegoso, Ber– ruúdez o Gamarra? Manuel se retiró. Poco tiempo después entró Joa– quina. -¡Virgen Santa! hermanas mías ¿saben ustedes · 1a. 1 desgracia que viene a azotar a nuestro país? La ciudad ['está en laberinto. Un nuevo gobierno se ha formado y ¡sos miserables que están a la cabeza de la insurrección f;Van a exprimir a los desgraciados propietarios. ¡Dios mío, ' qué cal·amidad! -Tienes razón -dijo Carmen-. En semejantes cir– ,cunstancias, está- uno casi satisfecha de no ser propie– taria, pues, es duro dar su plata para hacer la guerra. ~ivil, cuando se podría emplearla en socorrer a los des– tgraciados. Pero ¿qué quieres? es el reverse de la me– F<ialla. Vinieron en seguida ml tio y Althaus. Ambos estaban 1 ~1siblemente inquietos. Mi tio porque temía que le hicie– ,an dar dinero; mi primo, porque vacilaba en pronunciarse _por uno u otro partido. Los dos tenían igualmente mu-

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