Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 119 fluencia, el gusto de la población. Independientemente de las grandes procesiones hechas en las fiestas solem– nes, no pasa un mes sin salir alguna por las calles de Arequipa. Ya son los monjes grises, quien.)s, por la tarde. sacan una procesión por los muertos y piden para los muertos y se les da para los muertos. Otra vez, son los do– minicos, quienes hacen, en honor de la Virgen, su paseo ·religioso. En seguida para el Niño Jesús; después viene una seguidilla de santos. Es la de nunca acabar. He des– crito la procesión de las fiestas solemnes; no fatigaré al lector con la descripición de aquellas en que los santos sirven de pretexto. Se hace gala de menos lujo y pompa que en las primeras, pero el fondo es igualmente bur– ilesco y las escenas, indecentes bufonadas que divierten tanto a este pueblo, no son menos escandalosas. Todas estas procesiones tienen un rasgo de semejanza: los buenos sacerdotes piden siempre, y siempre se les da. Durante la Semana Santa tienen lugar las grande:, saturnales del catolicismo peruano. En todas las iglesia:t ce Arequipa, se eleva un enorme montículo de tierra y de piedras sobre el cual se plantan ramas de olivo para. figurar el calvario con sus rocas y árboles. Sobre est& monte ficticio, se da, el Viernes Santo, la representación del suplicio de Jesús. Se le ve detenido, flagelado y cru... cificado con los dos ladrones. Es la historia de la Pasión. sin omisión de ninguna circunstancia, pero en acctón todo acompañado de cantos y recitaciones. Después vien& !la muerte de Cristo; los cirios se apagan, reinan las ti• nieblas ... ; las costumbres fáciles de ese pueblo hacina• do en el templo, pueden hacer presumir lo que sucede entonces en los diferentes sitios de la Iglesia... ; pero Dioi es misericordioso y los monjes, sus ministros, dis– pon~n de su absolución. El descendimiento de la cru:1 es la segunda parte: una multitud confusa de hombres Y mujeres de raza blanca, india y negra sitian el calva~ rio, lanzando gritos lastimosos; pronto están entre sus manos los árboles desem•aizados, las rocas levantadas
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