Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 107 hija . Estaba persuadida de que velaría sobre ella si yo moria y esta convicción me daba una gran tranquilidad. ¡Oh! No debe uno admirarse de encontrar sólo un pe– queño número de gentes virtuosas. Sentí, de nuevo, en esta ·circunstancia, que para ser virtuosa, se necesita una fuerza más que sobrehumana! Las cartas que escribi a Chabrié, después de nues– tra ruptura, lo mantuvieron en las mismas disposiciones. Seis semanas después de su ida de Arequipa, abandonó Lima para dirigirse a California, y no tuve más noticias suyas sino a su regreso a Francia, . a donde lo precedí e.Q tres meses (1) • .. .. .. .. .. .. He dicho algunas palabras sobre los franceses de !Valparaíso. Voy ahora a hablar de los que viven en Arequipa, como más tarde, hablaré de los que viven en Lima. Arequipa, ciudad de interior, no ofrece al comercio sino recursos limitados. El número de extranjeros es también muy restringido. La única casa francesa es la de M. Le Bris . · Se estableció en el Perú, desde haca diez años y sus negocios· !ian ascendido a la más alta es– cala . Antes de ser explotado el Perú por la concurren– cia y arruinado por las guerras civiles, M. Le Bris ganó una fortuna de varios millones; pero sus casas de Val– paraíso y de Lima, sufrieron pérdidas enormes por de– masiada complacencia en los negocios. Fué preciso que lla casa central de Arequipa viniera en socorro de las otras dos. M. Le Brls es un hábil negociante y fué a. ¡ponerse, sucesivamente, a la cabeza de cada una de las casas correspondientes, y en pocos meses, todo quedó restablecido en el antiguo pie. (1) Omitimos unas cartas de M. David, referentes a obser• vaclones suyas sobre el amb!ente peruano.-N. E,
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