Peregrinaciones de una paria
106 FLORA TRISTAN puestos a ser víctimas no sólo de los demás sino de nos– otros mismos, cuando actuamos bajo la influencia de una pasión cualquiera. Al día siguiente partió para Islay. Antes de dejar Arequipa, me envió la carta siguiente: ~A la señorita Flora de Tristán, en Arequipa. "Señorita: "En momentos de dejarla, probablemente para siem- , pre, quiero decirle adiós ... Siento cuán sola y desgracia- da va usted a quedar después del amor verdadero y ab- negado que acaba usted de perder. . . No tengo necesi- dad de decirle todo lo que su extraña conducta . . . tiene de cruel, de espantoso para mi. La dejo para siempre . .. ¡Ah, Flora! ¡No deseo quo usted comprenda cuánto hay de doloroso en esta palabra siempre! ... ..Como los pocos servicios que podria ofrecerle no tendrán lugar sino en el caso de sucederle un aconteci– miento funesto, no se los ofrezco a usted;- pero le repito:: que sea dulce su última hora, su hija encontrará en mi un amigo, quien la hará amar la memoria de su madre. • "¡Adiós!... ¡Adiós para siP.mpre! Z. CH. 29 de octubre de 1823''. Esta carta cuya lectura me hizo sentir un pesar muy 'Vivo, me probaba que había log:rado por completo mi ob– ~eto. Chabrié babia arrancado de su corazón el amor que yo le inspiraba. Ya entonces podría hacer un matrimo– nio de conveniencia, ser feliz, quizá, pues con la bondad de su corazón, un hogar y los hijos que tuviera, podían bastar a su fellcidad. Sen ti un gran consuelo para mis niales cuando estuve segura de que el porvenir de un hombre a quien amaba realmente, no estaba ya enca• denado a mi cruel destino. Le habla recomendado a m1
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