Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 101 habían podido seguirlos y se habían quedado en Congata. El día siguiente, domingo, no pude decir una sola · palabra a M. Chabrié. Estuve continuamente rodeada de gente hasta las doce de la noche. El lunes, vino a verme, lo dejé exponer sus proyectos: eran los mismos de Val• paraíso. Deseaba, además, que nos casáramos en seguida, para que t:e i·onvencieran de que se casaba conmigo por amor, puesto que lo hacía antes de tener ninguna espe– ranza del lado de mi tío. No había yo previsto esta nueva exigencia. Esto aumentaba las molestias de mi situación, 1110 sabía qué decirle, me sentía atormentada como para perder la cabeza. Por la tarde, quise evitar encontrarme a solas con él y lo conduje a una casa en donde se tocaba música. Cantó por complacerme, pero su mal humor fué tal, que todo el mundo lo notó. El martes vino a abrumarme a reproches por haberlo hecho perder así una tarde, cuando teníamos apenas tiempo para ocuparnos de nuestros .asuntos. Los gastos del Mexicano ascendían cada cUa de 110 a 120 francos y a Chabrié correspondía la tercera parte. M. David me escribia carta sobre carta, rogán– dome despedir a Chabrié en seguida y este último me declaraba formalmente, que no se iria antes de realizar nuestro matrimonio. En mi vida me había encontrado en una posición tan cruel como ésta en que me ponia la obstinación de Chabrié. Le dije todo cuanto pude imaginar para ha– cerle entender la razón. Me contestaba a todo con este p erpetuo estribillo: -Si me ama, deme la prueba; sl está usted contenta con la unión que le propongo. ¿.para qué retardarla? Voy a verme obligado de nuevo a de– jarla; ml profesión me expone a perecer a cada instan• te, quizá no la volveré a ver más ¿por qué no aprovechar de la vida mientras gozamos de ella? ... Se puede creer que en esta circunstancia empleaba. toda mi influencia sobre Chabrié, para hacerle sentir cuánto iba en nuestro interés y en nuPstra felicidad, es– perar antes de concluir este matrimonio, que él hubiese acabado sus negocios y yo los míos. Pero no sé qué

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