Paco Yunque; Ashaninka - Español

58 Lo echó de un empellón al medio y le hizo derribar su libro, su cuaderno y su lápiz. Yunque hacía lo que le ordenaba Grieve, pero estaba colorado y avergonzado de que los otros niños viesen cómo lo zarandeaba el niño Humberto. Yunque quería llorar. Paco Fariña, los dos Zumiga y otros niños rodeaban a Humberto Grieve y a Paco Yunque. El niño flacucho y pálido recogió el libro, el cuaderno y el lápiz de Yunque, pero Humberto Grieve se los quitó a la fuerza, diciéndole: —¡Déjalos! ¡No te metas! Porque Paco Yunque es mi muchacho. Humberto Grieve llevó al salón de clases las cosas de Paco Yunque y se las guardó en su carpeta. Después, volvió al patio a jugar con Paco Yunque. Le cogió del pescuezo y le hizo doblar la cintura y ponerse en cuatro manos. —Estáte quieto así —le ordenó imperiosamente—. No te muevas hasta que yo te diga. Humberto Grieve se retiró a cierta distancia y desde allí vino corriendo y dio un salto sobre Paco Yunque, apoyando las manos sobre sus espaldas y dándole una patada feroz en las posaderas. Volvió a retirarse y volvió a saltar sobre Paco Yunque, dándole otra patada. Mucho rato estuvo así jugando Humberto Grieve con Paco Yunque. Le dio como veinte saltos y veinte patadas. De repente se oyó un llanto. Era Yunque que estaba llorando de las fuertes patadas del niño Humberto. Entonces salió Paco Fariña del ruedo formado por los otros niños y se plantó ante Grieve, diciéndole: —¡No! ¡No te dejo que saltes sobre Paco Yunque! Humberto Grieve le respondió amenazándole: —¡Oye! ¡Oye! ¡Paco Fariña! ¡Paco Fariña! ¡Te voy a dar un puñetazo! Pero Fariña no se movía y estaba tieso delante de Grieve y le decía: —¡Porque es tu muchacho, le pegas y lo saltas y lo haces llorar! ¡Sáltalo y verás! Los dos hermanos Zumiga abrazaban a Paco Yunque y le decían que ya no llorase y le consolaban, diciéndole:

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