5 y con el medioambiente, tanto a nivel mundial como en el Perú, y específicamente en la Amazonía peruana. Curiosa y paradójicamente, el hombre tenía un conocimiento más profundo de la naturaleza antes de la era de Gutenberg. Incluso, como ha señalado con agudeza memorable el autor de Cien años de soledad, Gabriel García Márquez, en la antigüedad el hombre olía, escuchaba y veía más y mejor que ahora, cuando está casi dopado por el ruido urbano y la cultura mediática audiovisual. Tenemos testimonios que evidencian que las culturas precolombinas de la Amazonía poseían un formidable conocimiento de la naturaleza. Dialogaban con ella y conocían sus secretos. Era la madre naturaleza generosa dispensadora de bienes materiales y espirituales. Hace siglos, las crecientes e inundaciones cíclicas de la serpiente cósmica, que es el gran río Amazonas, no producían catástrofes. Todo lo contrario, era el ritual biológico y benéfico de la naturaleza. Las aguas desbordadas en las orillas, playas y bosques hacían posible el ciclo biológico de la fauna hidrobiológica, la flora y la avifauna. Los cronistas de la época, entre ellos el padre Uriarte, nos cuentan que los tupí-guaraníes, los cocama-cocamillas modernos, construían charaperas, corrales acuáticos donde guardaban las tortugas fluviales recolectadas en el verano. Llegado el invierno, durante las inundaciones y la escasez, disponían de carne y huevos en abundancia, ya que también recolectaban huevos para producir aceite, el
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