Narraciones de la Amazonía

58 Añuje, el sembrador del bosque enterrarlas abriendo pequeños hoyos con sus manos. Luego los tapa con tierra y hojas secas. Una nuez en cada hoyo. ―El bosque es una rica despensa de comida, pero también hay que saber cuidar y conservar esta despensa medita cuando concluye su trabajo. Esa noche, la noche del 24 de diciembre en el calendario de los hombres y de invierno en el calendario de los habitantes del bosque, cayó una lluvia que parecía un diluvio. A cada instante, el cielo se iluminaba de rayos, y los truenos que precedían a esos rayos atronaban en el mundo. ―Creo que Dios está celebrando su nacimiento con los fuegos del universo ―susurró el señor añuje a su esposa, ambos bien acurrucados y protegidos debajo de las enormes raíces del shihuahuaco. Al amanecer, la tormenta cesó y un cielo espléndido asomó por encima del inmenso bosque. Hacía un poco de frío y daba ganas de quedarse en cama. ―Aunque me gustaría quedarme un rato más en cama, tenemos que ir a buscar la comida de hoy ―le dijo el señor añuje a su esposa. ―Yo estoy lista. Hace rato que me levanté a limpiar la casa ―le contestó la señora añuje. El bosque había cambiado de aspecto. Estaba como peinado por la tormenta de la noche y se veía, incluso, más verde, más vital con la copiosa lluvia nocturna. El suelo, húmedo, estaba sembrado de hojas, flores y frutos que el fuerte

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