Narraciones de la Amazonía

57 luego de dar la hora exacta, está hurgando en el suelo, debajo de los arbustos y las matas de bijao, recogiendo semillas y frutos que caen de los árboles en las noches, tanto porque están maduros como por la fuerza del viento que sacude las ramas. La señora pucacunga, señora de cuello rojo, a esa hora también ha bajado a tierra a buscar su comida. Al señor añuje le encanta el castañal por muchas razones. La primera, porque los árboles de castaña le proporcionan su alimento favorito. La segunda, porque a él y a su esposa les fascina caminar por debajo de los grandes árboles de castaña, imaginándose lo maravilloso que será mirar el mundo desde la rama más alta de uno de esos árboles. ―Las castañas quieren tocar el cielo. Solo las aves, y también las abejas, las mariposas y las libélulas, tienen el privilegio de mirar el mundo desde arriba. Los añujes no tenemos alas para volar; pero podemos imaginarnos el mundo desde arriba ―piensa el señor añuje. ―¿Cuántos años tendrá un árbol como este? ―se pregunta el señor añuje al pie de un árbol que él calcula debe tener treinta metros de altura― Quizás sesenta años, porque mi abuelo me contaba que seis generaciones de añujes vieron crecer una castaña de este tamaño. Y como cada generación de Añuje vive diez años, debe tener sesenta años se contesta él mismo. Luego empieza a roer, con sus afiladísimos dientes incisivos, la durísima cápsula de la castaña. En pocos minutos, la cápsula tiene un agujero en uno de sus extremos. El señor añuje mete una de las manos y extrae, una por una las nueces. Son veinte nueces. ―Comeré cinco nueces. Cinco llevaré a mi esposa y diez guardaré para mañana y pasado. Hay que guardar pan para mayo, como dicen los hombres ―piensa mientras roe y mastica con placer la blanca pulpa de la nuez. Una vez que termina de comer su ración, el señor añuje echa una mirada a su alrededor, examinando a vuelo de pájaro los lugares del bosque donde enterrará las nueces para volver a buscarlas en los días subsiguientes. Elige con mucho cuidado los sitios y empieza a Añuje, el sembrador del bosque

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