Narraciones de la Amazonía

Con sus dientecillos finos y afilados, que parecen una cuchilla de raspar queso para los espaguetis, hincó con fiereza el talón del desprevenido cazador de lobos de río, en el preciso momento en que este disparaba, haciéndole perder el equilibrio y, por tanto, la puntería. El estruendo del disparo despertó al lobo de río de una pesadilla. Abrió los ojos desorbitados, solo para darse cuenta de que el cazador estaba listo para hacer un segundo disparo, rectificando el error del primero. De un salto ganó el río y se sumergió en las profundidades. Durante varios días y varias noches no puedo conciliar el sueño. Fue en esos días que el lobo de río supo que le debía la vida al modesto bujurqui que vive en los remansos del Palma Real, comiendo frutas y gusanillos. Deponiendo su orgullo, su soberbia y su crueldad, fue a buscar al discreto bujurqui. Este, cuando lo vio venir, trató de huir pensando en lo peor, dados los antecedentes del lobo de río. ―Amigo bujurqui, no huyas. Vengo en son de paz. De ahora en adelante quiero ser tu amigo. Tú no solo has salvado mi vida, sino también la has cambiado porque ahora sé que aun tu peor enemigo puede ser tu mejor amigo. Es por eso por lo que ahora los habitantes El lobo de río y el pez

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