Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 362 extraordinaria mujer, Amauta public un estremecedor relato titulado “Navidad en el asilo de noche”, donde Rosa Luxemburgo describe la muerte por envenenamiento de decenas de ancianos del Asilo Municipal:74 “Cada d a los sin albergue mueren de hambre y de fr o. Nadie se ocupa de ellos, a no ser el parte cotidiano de la polic a. La emoci n provocada esta vez por este fen meno se explica únicamente por su carácter de masa (...) Pero hay cadáveres que hablan más alto que las trompetas e iluminan aventajando a las antorchas. Despu s del combate de barricadas del 18 de marzo de 1848, los obreros de Berln, levantando en sus brazos los cadáveres de sus hermanos ca dos en el curso de la lucha, los condujeron delante del palacio real y obligaron al despotismo a saludar a sus v ctimas. Ahora se trata de levantar los cadáveres de los “sans-logis” de Berln envenenados (...) y de conducirlos en la nueva jornada de lucha que se abre ante nosotros, a los gritos mil veces repetidos; ¡Abajo el orden social infame que engendra tales horrores!”7375 Mariátegui destaca la importancia de Madeleine Marx a quien sindica como “una de las mujeres de letras más inquietas y más modernas de la Francia contemporánea”. Se ala que vendrá un tiempo “que a despecho de los engredos catedráticos que acaparan hoy la representaci n oficial de la cultura, la asombrosa mujer que escribi desde la prisi n despertará la misma devoci n y encontrará el mismo reconocimiento que una Teresa de vila”74. De su libro C’est la lutte final, subraya el saludo de los obreros rusos a la revoluci n. 76 “Grito multitudinario, de combate y de esperanza que Madeleine Marx ha odo en las calles de Moscú y que yo he odo en las calles de Roma, de Milán, de Berln, de Pars, de Viena y de Lima. Toda la emoci n de una poca está en l. Las muchedumbres revolucionarias creen librar la lucha final. (…) La ilusi n de la lucha final resulta, pues, una ilusi n muy antigua y muy moderna. Cada dos, tres o más siglos, esta ilusi n reaparece con distinto nombre. Y, como ahora, es siempre la realidad de una innumerable falange humana. Posee a los hombres para renovarlos. Es el motor de todos los progresos. Es la estrella de todos 73 Amauta. No. 22. Lima, abril de 1929, p. 10. 74 Jos Carlos Mariátegui. “La lucha final”. El alma matinal. Y otras estaciones del hombre de hoy. “La lucha final”. (Mundial, Lima, 20 de marzo de 1925). Lima, 1972. pp. 29-31.
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