Mujeres peruanas. El otro lado de la historia 20 Hoy nos encontramos ante una coyuntura comparable. La tercera revoluci n industrial, ya en sus comienzos, es una revoluci n suave, de software; que para su propio cumplimiento tecnol gico excluye todo el complejo harware que ha caracterizado a las dos primeras revoluciones industriales desde el siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XX. Necesariamente esta revolucin suave (no dbil) exigira nuevas formaciones polticas. Los ejemplos precursores de mujeres gobernantes (Israel, India, Pakistán, Inglaterra) es muy probable que se multipliquen en el futuro. Entre otras razones porque los hombres registran una fatiga de poder que no viene a ser sino la internalisaci n subjetiva de su fracaso objetivo al crear un mundo de masculinidad excluyente en lo econ mico, tecnol gico, social y poltico. Esto no quiere decir que el hombre cede o regala su puesto a la mujer; no es una emancipaci n - que el due o concede al esclavo o al menor de edad -; es una independencia que la mujer conquista porque sus postulaciones coinciden con las necesidades objetivas de la coyuntura hist rica. En esta perspectiva poco importa que haya desviaciones y exageraciones desde el lado femenino. En cualquier caso es conveniencia de todos hacia el futuro de favorecer esa transacci n. En 1978-80 propuse a diferentes candidatos peruanos a las jornadas electorales de ese perodo, que promulgaran una ley por la cual en todas las listas electorales (municipales, parlamentarias) y en los principales puestos de gobierno hubiese una cuota obligatoria de 50% de representaci n femenina no s lo en las postulaciones sino en las nominaciones finales y definitivas. No falta ante esa perspectiva quienes, medio en broma, medio en serio aseguran que el acceso de las mujeres al poder significará un trasvase -desde la poblaci n masculina hacia la femenina- de todas las afecciones tensionales (coronarias, úlceras). Posiblemente sea todo lo contrario. Lo que ocurre es que nuestras sociedades han sido constituidas en si mismas por nosotros los hombres como sociedades tensionales y ulcer genas; lo que esperamos de las mujeres es la elaboraci n de una nuevo sistema de relaciones humanas con caracter sticas uterinas, secretas y maternales; lo cual contra lo que creen algunos hombres, exige disciplina y hasta dureza heroica cuando es necesario. Quien lea este libro de Sara Beatriz Guardia quedará confortado pues demuestra que el Perú tiene respecto a las sociedades futuras una s lida tradici n feminista muy antigua y diversificada. Sara Beatriz Guardia
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