62 apasionaba la forma brillante y severa como criticaba François Charles Fourier a la burguesía de su tiempo, y compartía plenamente sus ideas de que la riqueza y la opulencia engendraban la pobreza. Con frecuencia anotaba ideas y conceptos en su libretita, una de las palabras marcadas era «imposible» porque François Charles Fourier solía decir que para él no existía esa palabra. «Ni para mí tampoco», repetía Miguelina en su mente. Como su padre, don Miguel Acosta Sánchez, repetía con cierta frecuencia la frase «solo Dios y los imbéciles no cambian», para referirse a algunos de sus amigos que jamás reconocían un error, Miguelina pensaba en esta frase que su padre repetía, mientras leía al filósofo Henri de Saint-Simon, que al principio de su vida y de su obra, coincidía con el pensamiento liberal, pero en la época de plena madurez se volvió un crítico feroz de la propiedad privada y del régimen monárquico. Con frecuencia, mientras leía con mucha concentración, su cuerpo se ponía muy tenso. Para calmarse, acariciaba su buhito y su piedrita de corvina, tomaba un vaso de agua y daba un breve paseo por la orilla del río Sena, que estaba a solo cien metros de su casa, la rue de Seine número 500. Acompañada de su madre, doña Grimanesa Cárdenas Montalván, Miguelina fue la mañana de un lunes al Instituto Champagnat para matricularse en el primer año de secundaria. El director, Dominique Forestier, no solo les hizo preguntas sobre su nacionalidad, región y lugar donde había nacido, sino que también les hizo una larga exposición sobre las reglas y normas del instituto. Les explicó que el sistema educativo francés tenía su base doctrinaria, filosófica y pedagógica en los principios y fundamentos de la Revolución francesa de 1789, y que era laica, obligatoria y gratuita, que había sido establecida en las leyes del legislador Jules Ferry desde 1881 y, gracias a estas mismas normas, desde 1896 se abrieron en el país escuelas secundarias para niñas. —Usted será la primera alumna peruana en nuestro instituto. Es usted bienvenida —concluyó el director Forestier.
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