Miguelina

135 —Desde el punto de vista económico, este pueblo ha sido más importante que Yurimaguas hasta fines del siglo XIX, porque hasta Balsapuerto llegaba toda la carga de bienes proveniente de la costa con dirección a Iquitos, y de aquí la mercadería se transportaba a Yurimaguas en balsas y luego a Iquitos en lanchas —relató don Miguel Acosta Sánchez. Mientras descansaban de la larga caminata y observaban a los niños y madres shawi que se divertían en la plaza de Armas, Miguelina se puso a pensar en Kumpanamá, el dios de los shawi. Se dijo a sí misma que, tal como había leído en sus años por Europa, y en la gran librería que todavía existía en el barrio de La Loma, así como había escuchado los relatos de su padre, los shawi son una de las pocas culturas indígenas amazónicas donde el dios fundador y creador era masculino, porque entre los pueblos indígenas amazónicos, las fundadoras y creadoras usualmente son diosas, es decir, eran culturas matriarcales, como les explicaba su profesor Aristóteles Alegría. —Estás como ida, soñando despierta —le interrumpió Pamelita. —Sí, estoy pensando en Kumpanamá —le respondió. —¿Quién es Kumpanamá? ¿Alguno de tus enamorados de nombre indígena? —le preguntó Pamelita. Todos estallaron de risa, incluyendo los cargadores lamistas. Partieron al mediodía. El cielo estaba luminoso y Miguelina miraba fijamente la cumbre de la montaña donde, de acuerdo con las leyendas, habitaba el dios Kumpanamá. —Seguiremos la misma ruta que siguieron los cargadores lamistas durante todo el siglo XIX, y que es la misma ruta que trazó en planos el sabio Antonio Raimondi, entre los años 1859 y 1869 —explicó don Miguel. Pese a la fatiga de trepar y bajar los altos y escabrosos ramales de la Cordillera Oriental, los viajeros gozaban de una espectacular compensación: mirar desde las cumbres los ojos de agua y los hilos de plata del nacimiento de los afluentes del río Paranapura: Cahuapanas, Sillay, Supayacu y Shanusi.

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