107 —¡Qué terrible noticia! —exclamó doña Grimanesa. —¿Y cuáles son las causas para que los tambores de guerra estén sonando más fuerte? —preguntó Miguelina, empleando las palabras de Javier. —Las causas de una posible y probable guerra son las mismas que siempre se han dado a lo largo de la historia, y que seguirán siendo el origen de las guerras en el futuro de la humanidad: la ambición por el poder, los recursos y por la repartición y control de territorios. Hay, además, heridas profundas que nunca terminaron de cerrarse, como la revolución paneuropea de 1848, la guerra franco-prusiana de 1871, y la Comuna de París de 1871 —explicó Javier. —¿Qué piensas tú, Margarita, tú que eres europea? —le preguntó Javier a su novia. Sorprendida primero por la repentina pregunta, y luego con cierta timidez porque tenía que hablar en español para que doña Grimanesa entendiera, Margarita respondió que, tal como explicaban los geopolíticos, Alemania asomaba como el nuevo poder, la nueva hegemonía, sobre todo después de su triunfo sobre Francia y su anexión de los territorios francos de Alsacia y Lorena. Agregó que Alemania ya era el segundo productor de acero, hierro y carbón de piedra de Europa y del mundo. Seguidamente, Margarita sacó de su bolso un cuaderno donde tenía anotadas las conclusiones de una conferencia de uno de los mayores expertos en cuestiones militares a la que ella había asistido, el suizo-alemán Dominique Hölderlin, que sostenía que la pretensión de Alemania era tener el control del mundo, que Inglaterra por su lado quería frenar la expansión alemana, mientras que Francia se había planteado como objetivo central recuperar sus antiguos territorios de Alsacia y Lorena, y dar un mordisco a los territorios carboníferos al occidente del Rin, quitarle a Alemania sus colonias de África; y Rusia por su lado se había planteado como objetivo y meta asestar una derrota implacable a Alemania para que nunca más osara levantar la cabeza.
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