Miguelina

103 En la noche, le contó a su madre sobre las invitaciones de Jacques Bergére. —Te quiere disparar un flechazo de Cupido, ten cuidado —le advirtió su madre. —Creo que se cree un flechero como Guillermo Tell —replicó Miguelina riéndose. —¿Guillermo Tell?, ¿quién es? —preguntó doña Grimanesa con curiosidad. Le narró entonces la historia del legendario personaje que era parte del mito y la leyenda, y al que algunos historiadores lo consideran un héroe de la lucha contra la pretensión de los alemanes de conquistar el antiguo territorio suizo durante el siglo XIV. Guillermo Tell era un ballestero, un flechero famoso por su puntería en su pueblo de Bürglen y en otros pueblos. Un día se paseaba por el pueblo de Altdorf, una ciudad dominada por los alemanes de la Casa Habsburgo, que habían construido un monumento con un sombrero en señal de soberanía. Todos los suizos que pasaban frente a ese monumento debían inclinarse saludando al sombrero, en señal de obediencia y sometimiento a la soberanía y dominio de los Habsburgo. Cuenta la historia que Guillermo Tell y su hijo pasaron frente al monumento y al sombrero sin inclinarse, lo que fue considerado un acto y señal de desobediencia muy grave que se castigaba con la muerte. Enterado el gobernador Hermann Gessler de esa desobediencia y falta de respeto, se enfureció y dispuso un castigo cruel para Guillermo Tell: debía disparar su flecha y picar una manzana verde colocada sobre la cabeza de su hijo a cien pasos de distancia. La gente que miraba la escena sabía de la destreza y puntería de Guillermo Tell. Pero les parecía imposible que acertara por la distancia entre el flechero y la manzana sobre la cabeza de su hijo. Algunas mujeres que miraban la escena presintiendo la muerte del niño empezaron a llorar y los hombres imploraban pidiendo el apoyo divino. De acuerdo con la orden del gobernador Hermann Gessler, si Tell acertaba su disparo, picando a la manzana, sería puesto en libertad.

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