Memoria sobre las enfermedades epidemicas que se padecieron en Lima el año de 1821

t hermosa faz de la tierra , gino qtie tatnbien conoce y describe cuanfo ºprºo'ddce en cada pár.: te, y compara felizmente la_s ventajas respee.: t_ivas de cada una , como s1 de , trdas. gozara, y en realidad las poseyera : cuyas ventaJas no proporciona hasta ahora enteramente el segundo. · ¡ Ojalá que la medicina pudiera gloriarse · de tan útiles progresos , y que ofreciese al que l~. cultiva un cuadro fiel y completo de las en– Jermedades en toJos los paises conocidos ! ¡ Qué facil sería entónces el ejercicio práctico , de la mediciúa L ¡ Qué raros los desaciertos ! ¡ Qué uniformes los dictámenes! ¡ Qué llano y per• cept i ble el tirocinio á la cabecera de los en– fermos! Vería cada profesor en un libro co– mun retratada fielmeRte á la naturaleza moles– ta y afligida ; y en el lecho del dolor y la amar– gura, el ,,ivo original de su excelente copia. Cada médico seria sabio y profundo desde que concluyese la carrera de su estudio; y se reu– nirían en él con gran ventaja el ardor y ve. hémencia ·juvenil, y la madurez y juicio de la áncianidad. • No hay duda de que es mucho mas fácil perfecciona·rse en las <lemas ciencias fisicas que en la medicina práctica; pues aquellas se ver– san 6 sobre la mate1·ia inerte que dista tanto . de la viva, ó sobre entes organizados que solo tieµen las facdltades _de sentir y propagarse , y que no es tan sujetos al influjo moral que altera de mil modos en los entes que piensan las propie., Elades de la vida. Sin embargo, cincuenta años de trabajos asiduos por sociedades. de médicos prácticos ee el mundo civilizado, habrian has- · tado á mi entender para elevar la medicina al

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