Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

-8 corrían riesgo de deteriorarse, pues la estrechez del salón hacía que mu chos el <.! ellos se encontrasen apoyado-; soure el piso, se ha resuelt0 por decid,) S11premo que sean tr;,sladados al Palacio dt> la Exposición, en donde el local, á más de ser estenso, ofre::e condiciones ele luz apro– piada. XIH Em1,teados. El personal de é~tos ha sufrido poca alteración desde 1884 en que se inauguró la B iblioteca, y estoy satisfecho de la consagración de mis subordinados al cumplimiénto ele sus deberes. Recientemente falleció el Oficial Conservador D Manuel Calde– rón, que sirvió en la Biblioteca durante 49 años, honorable y laborioso empleado en quien se hermanaban la e rudición y la modestia. La va– cante que c!ejó ha sido provista con el ascenso á ella del empleado á quien por escala correspondía. XIV Esfaclístiea. El número ele c0ncu1-rentes al salón de lectura ha sido de 30 rr.í– nimum, y de 42 máximum, al dí 1. Más ele la mitad ele los lectores es– tá en el erróneo concepto de que la Biblioteca Nacional es u;; lugar de holganra; y en vez ele pt:dir obras qu e ilustren la inteligencia y la eruiquezcan, solicitan nove'as, comeclia-; y poe,-;Ías. lecturas de entrete– nimiento que deben hacerse en el hogar ó en bibliotecas de recreo co– mo las ele casinos y clubs. El Estado no puede, no debe mantentr un e!:>tablecimiento como centro ele ocio y perver:-,ión para la juventud frí– vola. A la Biblioteca Nacional solo debe concun ir la juventud estu– diosa y seria. Triste es consignar·en e:-,ta Memoria que de los 23,617 vnlún1..:nes prnporcionados á los lect,,res, en 620 días útiles del bienio, 17,135 h;in sido de iiteratura amena. Las Bibliotecas Nacionales que, por serlo, revisten carácter distin– to al de las populares, no son cread:is, puede decirse, para los que aspi– ren á instn,in;e sino para los hombres ya instruidos y que trabajan por la instrucción de los demás. Estos son lectores que concurren á con– sulta1 más que á apurar la lectura de un libro, y el Director del esta– blecimiento se siente complacido cuando pone á disposición de ellos las joyas bibliográficas que le están confiadas. Un a1tículo del reglamento ele la Biblioteca de Marlrid establece que las obras modernas de pu ro solaz no se entreguen sino á los lec– tores que, á juicin del bibliotecario, justifiquen nect:sitarlas para estu– dio. Y este artículo existe también en la-; Bibliotecas Nacionales de Pa– rís. B.:rlin, l\Iunich, Viena, Bruselas, Janeiro y México. Si el libro es un ajente eficá1.. ,fr ilustración, la lectura de no\·elas y versos hace per– der á la jU\·entud un tiempo precioso; y tolerarla es, como he expresa-

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