Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884
1 - Tl - XV REFORMA REGLAMENTARIA Com,) tuve o~asión de expresarlo en mi anterior Memoria, el regla– o-lamento actual de la Biblioteca es muy deficiente. "' Ante todo conviene que la Biblioteca Nacional no esté á disposición de multitud de personas que ven en ella, .no una institución de estuciio y de consulta, sino un lugar de pasatiempo. No debe confundirse su carácter con el que invisten las bibliotecas populares. De cuarenta personas, tér– mino medio, que concurren al salón de lectura, la mayoría es lectores de obras frívolas ó de entretenimiento. La vigilancia que sobre tan crecid_o número de asistentes se ejerce sólo por dos empleados, es ineficaz· para imp~di.r que malogren ?bras de im– portancia, arrancando grabados y aun paginas del texto, sobre todo en peri0dicos y libros de versos. No ha sido posibl:.:, á pesar de las diversas precauciones por mí y por los empleados adoptadas, sorprender infragan– ti á uno sólo de esos mal intencionados; y procediendo sólo por sospe– chas, un tanto fundadas, he tenido, en el trascurso de seis años, que ne– gar á cuatro personas asiento en el salón de lectura. Casi puede afirmarse que, entra por mucho el espíritu de destrucción, como resultado de malos M.bitos ó de e.ducación descuidada. No somos afanosos para conservar; pero sómoslo para destruír. Por pereza para co– piar 1111 artículo ó una composición, hay, y no pocos por desgracia, lectores que, como he dicho, prefieren hacer irreparable perjuicio, malogrando un libro tal vez raro y de adquisición dificilísima, si no imposible. Eso nos ha pasado recientemente con una curiosidad bibliogt'áfica, que por tal estimo el primer número de la colección del ~Comercio• de Lima. No valorizan los destructores la importancia del daño que ocasionan, considerando fal– ta leve y sin consecuencia lo que, en realidad, es delito y grave. . Por eso, y aunque el reglamento en vigencia no autoriza mi proceder, he prohibi<lo gue los inJl,nah>les, elzevire-, y demás libros notables por su antigüe-dad, lujo de edi<!l:m, rareza ú otra ciscunstancía que los revista de especial mérito, sean puestos t>n manos de los que concurren por pasa– tiempo y no por manifiesto amor al estudio. Así se vá impidiendo que sean susttaidos grabados de gran mérito artístico, y que sólo en rni des. pac~o, y bajo mi perso~al vigilancia, son exa?Ji?ados. Los grabados que, en libros y tomos especiales, P.osee nuestra Biblioteca representan un va lor. que ex ~e.de de diez mil soles, según tasación hecha por un distinguido artista y v 1a3er o. Mucho me holgaría ele ver restringido el derecho de concurrir al sa– lón de lectura, limitándo sólo á los que solicitan obras de consulta en los diversos ramos del saber humano. Sóio asi tendremos Biblioteca Nacional digna de este nombre.
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