Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884
- IO- mas, resistiéndose á suscribirla uno dt los albaceas. Como tan pequeña suma no valía la pena de litigio judicial, acepté vender la letra por 20 libras, para pagar las acreencias á que me referí en dicha Memoria. En los dos años corridos no he gestionado ante la testamentaría el abono del veinte por ciento que adeudaba á la Biblioteca, convencido de lo estéril que habría sido mi exigencia. Gestione el Supremo Gobierno, si lo encuentra conveniente. XIII EDIFICIO y MOBILIARIO, Con el auxilio extraordinario <!le! legado Sevilla fué posible atender, en I 888, á la pintura de la fachada y patios del edificio, así como á la adquisición de muebles para los salones y decente arreglo de la Dirección. No obstante, en Julio de 1889, distrayendo de su objeto una mensualidad de la subvención munícipal, atendí al aseo de las paredes exteriores. En este año procederé de idéntica mane_ra, haciendo el g,sto de la subven– ción oficial correspondiente á Julio. Creo necesaria la construcción de aparatos para colocar periódicos, y el aumento de mesas y sillas para los salones. Toca al Supremo Gobier– no atender á esta necesidad. En el edificio, aparte del local en que funciona el Ateneo y del asig· nado para la Academia Correspondiente, se ha cedido á la Sociedad Geo– gráfica el departamento que ocupaba mi antecesor. XIV GALERÍA DE PINTURA. . h \ \ . . 1 d . En el bteno se a aumentado con un cuadro, ortg111a e artista pe· ruano, reprentando á la Purísima, y que fué propiedad del supreso Tribu– nal del Consulado de Comercio. También, por donativo del finado doctor Abadía, se ha catalogado un buen cuadro religioso. Los salones en que están los cuadros no constituyen una galería sino un lugar de depósito. Ni el espacio ni las condiciones de luz la permiten. Muchos de los lien2os descansan sobre el piso, porque no hay sitio en las paredes para su colocación. Con insistencia he pedido al Supremo Gobierno fa traslación de la Galería á local apropiado, para salvar mi responsabilidad si, con el tras– curso del tiempo y por descansar sobre el suelo, llegasen á sufrir deterio– ro algunos lienzos. Reitero hoy la exigencia. Tal vez en el Palacio de la Exposición podría comodamente establecerse la Galería de pintura.
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