Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

-1-1- ñala una sección para guardia 6 servicio nocturno. Las condiciones de nuestro clima no consienten, sin grave riesgo para la salud, que el empleado laborioso ocupe mayor tiempo, tanto mas cuanto que, en– tre nosotros, no se disfruta de época de vacaciones. No hay una sola Biblioteca Nacional, en el mundo, que funcione mas de cinco horas; y el peligro de un incendio hace inconveniente, ya que _no imposible, el que establecimientos- de tamaña importan– cia se abran de noche al público. Tampoco es posible, dada la especialidad de las labores, que una Biblioteca funcione concertadamente sin que todos los empleados, desde el Director hasta el peón de confia11za, se hallen en su respec– tivo puesto. El vigilante del salón de lectura pide la obra que el lector solicita, al conser·vador del salón en que ella se encuentre ca– talogada; este la anota en su registro estadístico; y cumple al peón de confianza bajarla del anaq~1el corr espond iente. Cerrada para el público la Biblioteca, á las cinco de la tar.de , el Director y sus su– balternos permanecen, por lo menos, media h ora más en el estable– cimiento, devolviendo á sus estantes los libros leidos y rectificando la estadística del dia. Encargado interinamente de la cartera de Justicia el señor ex- 1\linistro de Relaciones Exteriores Dr. D. Alberto Elmore, expidió un decreto en virtud del cual la Biblioteca funcionaria para el pú– blico, no solo de doce del dia á cinco de la tarde, sino también d~ ocho á once de la mañana. Se nos colocaba en condición excepcio– na I á la del resto de los empleados públicos. Haciendo caso omiso de otras razones, tan fundadas como las que apunto al principio de éste párrafo, me limité á observar que no pu– diendo hac~rse en la noche la policia del espacioso edificio, com– puesto de vastos salones, gran pátio y extensos corredores, eran pre– cisamente las horas de la mañana las consagradas á esa imprescin– dible faena. l\li respetuosa nota de ·observación no ha siclo aún r.e– suelta. XIX. GALERIA DE PINTURA. Diseminados hallábanse cuadros de -propiedad nacional, casi to– cios originales de artistas r eruanos, cuando me propuse reunirlos en dos salones de la Biblioteca, para que algun dia sirvan de base á un l\l useo acional de Pintura. Ciertamente que los cuadros no están hoy colocados en la condición ele Iuz ni á la altura reque:·ida, lo qu_e depende de la estrechez del local. totalmente inadecuado para el objeto. Al hacer la traslación del Ardii,·o y colocar libros en la estante– ría del salón que aquel ocupaba, no era ya posible dar sitio en él á los cuarenta y cinco retratos de gobernadores y vireyes del Perú du– rante los siglos del coloniage. Esta interesantísima coleccion ele re– tratos, que harto trabajo me costó completar, queda separada ele la Galería y se halla en el salon del Archivo.

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