Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884
8efio1· Minisfro d e Justicia, Instru,coión Pública y Culto. Al cumplir veinticinco años en el desempeño ele la dirección c1e la Biblioteca. creo que la Memoria, á que estoy obligado por prescripción reglamentc1ria, no debe limitarse á, dar cuenta de lo realizado en los últimos doce mesei:;, sino ser compendiosa resefia de la labor de un cuarto de siglo. Tan luego como, en octubre de 1883, después ele las graudes desventuras patrias, volvió á enarbolarse en Lima el pabellón nacional, el supremo mandatario ele la república,general Iglesias, me dispensó la altísima honra ele encomendarme el resurgimiento de la Biblioteca que creara el gens'.!ralísimo don José de San Mar– tfo y que, como acto de salvajismo guerrero, había sido destruída y dispersada á los cuatro vientos por el invasor. Acaso hubo sobra de audacia en mí al aceptar compromiso para cuya realización no podía contar con recursos fiscales, por ]a deplorable condición en que, á raíz del término de la guerra , quedó el tesoro público; pero con'tñba, en p1·imer término, con el patriotismo de todos los pernanos ilustrados, y después con mis Yaliosas ,·elaciones literarias en el extranjero. Anks de historiar, en párrafos diversos, la obra encomenda– da en 1883 á mi entusiasta y perseverante esfuenw, más que á mis aptitudes, acaso muy deficientes, estimo preciso reproducir, á guisa de intrnducción á mi Memoria de un cuarto de siglo, el capítulo pertinente que sobre la Biblioteca Antigua apareció en mi Memoria inaugurnl de 188-!-; y hág·olo, no tanto por su sig– nificación histó1·ica sino por ser indispensable para hacerse cabal -concepto de lo pooo ó mucho realir.ado en aquel lapso ele tiempo.
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