Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

16 MEMORIA DEL DlREC'l'Oll · compatriotas, y en que, á pesar de las calamidades de la guerra y de la cadena de infortunios individuales que fueron su desastrosa consecuen– cia, aún quedaba vitalidad en el pueblo pernano. Pudimos ser vencidos en los campos de batalla; pero la espada del vencedor no alcanzó á he– rirnos en el cerebro. Nuestra Universidad, nuestros centros todos de ilustración, que el mal inspirado general enemigo creyó dejar para siem– pre aniquilados, hán vuelto, en pocos meses, á la vida, y acaso con mas elementos de progreso que los que, en hora infausta, nos arrebatara h belicosa locura de un soldado. Bibliotecario-mendigo, toqué á todas las puertas, y no encontré p1:lru1mo, dígolo con patriotica satisfacción, que me negara su concurso. La relación nominal y numérica que figura entre los anexos ele esta Me– moria, manifiesta el entusiasmo público en favor del establecimiento. Baste decir, qne un solo caballero, el señor don Juan José Moreyra, hi– zo el donativo de dos mil volúmenes, y que abundaron los obsequios do cien y doscientos tomos. . Debb una palabra de reconocimiento á todos y á cada nno de los sefiores, que, teniendo fé, si nó en mi competeucia, al ménos en mi con– sagracion y honorabilidad, se apresuraron á prestarme generoso y deci– diclo apoyo. Sin ese concurso, de todos y de cada uno, mi empeño y asiduidad habrían siclo estériles ó dado escasísimo fruto. Nó ! No debo aclueíiarme de honoró merecimiento que no es exclusivamente mio. Yo he sido sólo un obrero de buen¡¡, voluntad. El renacimiento ele la Bi– blioteca hn, sido labor común. Pertenece á todos y á cada uno de :o., quP, con sus donativos de libros, con su dinero, con sus influencias, han cooperado. Es labor de la prensa de Lima, y principalmente dal decano "Comercio'', cuya propaganda en pró de la Biblioteca fué tenaz: labor, en fin, del progresista jefe del Estado General Iglesias, de sus Minis– tros de Instrncción señores Barinaga y Castro Zaldívar, y de su Mi– nistro de Hacienda señor Galup, siempre benévolos para con el Biblio– tecario y siempre complacientes para atender sus exigencias. Puse al servicio de la patria lo poco que de actividad, de inteligen– cia y de entusiasmo plugo· á Dios conservar afa1 en mi espíritu: sé que, en la milicia de la vida, no son laureles todo lo que se cosecha, que 1.0 hay campo sin abrojos y espinas, y que acaso no faltará quien sostenga que, en ocho meses, era hacedero el organizar mc-jm la Biblioteca. Yo no hé podido mas, ingenuamente lo confieso. Pero, por poco que haya realizado, la base del edificio me corresponde. Otro la mejorará. Entre tanto, es al Supremo Gobierno, es á la prensa, es al país á quienes com– pete decidir si, habiendo tenido que crear é improvisarlo todo, ha sabi– do 6 no corresponder á la confianza que en él depositaron el Bibliote– cario que esta Mellloria suscribe. (!jicardo ~alma. ' Lima, Julio 28 de 188-t

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