Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

-7- Encua clernaciones Se han empastado, durante el año, por los talleres de la Pe~ nitenciarfa, 690 volúmenes, y renovádose pastas en 163. I Edificio Se han invertido 1,050 soles en reparacíón de la fachada y pintura exterior, así como 360 en renóvación del servicio de agua y aparatos, en los altos. Cera'antofilia En mi última Me:noria consigné que, con motivo ele la cele– bración del tercer centenario del Quijote, surgió en muchos de los bibliotecarios de América el propósito de crear una sección que contuviera las más uotables ediciones de la inmortal novela, orgullo de los que blasonamos de tributar culto a.l magnificente y armonios0 idioma <le Castilla. Complementario del propósito era que toda Biblioteca Nacional de América poseyese también siquiera una traducción en cada una de las dieciocho lenguas en que el Quijote ha sido vertido. La Biblioteca de Lima no podía ni debía rehuir la literaria competencia. No ror falta de esfuerzo habríamos de retraernos. Así, en éhJs años rle perseverante labor. hemos alcanzado á poseer las más notables ediciones castellanas, como la <le la Academia, la de Sancha, la <le !barra, la de Argamasílla (he– cha con tipos de plata), la que dió á Iuz ep París don Joaquín María Ferrer, capitán que fué en Lima der batallón Concordia, varias microscópicas y todas las facsimílares, inclusive la que recientemente apareció en New York. Con éxito que afortunadamente corres 1 .l0ndió á lo arduo del empeño. nos propusimos conseguir tonas las ediciones del Qitijote hechas en América. Poseemos las que en 1833, 1842 y 1S51 dieron á luz, en México, los editores Arévalo, Cumplido y Blanquet, así como la primera y única que se ha hecho en Sud Améiica, en 1905, por el bibliotecario de La Plata. El Diario de la Marina, en la Rabana, publicó el Quijote, hace dos años, en páginas de folletí;n, habiendo descuidado ha– cer de éstas una tirada especial. Debemos ar padente esfuerzo de un amigo el ejemplar que poseemos, y que es acaso sin– gular.

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