Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

- JO- se le destinó; pero hoy reYiste caracteres de anacrónico é in– suficiente, y habla poco en favor de la cultura nacional. El vi;:ijero que ha visitado las Bibliotecas del Janeiro, Buenos Aires, Santiago y México, apenas se explica que tengamos co– mo salón de lectura un incómodo, oscuro y estrecho pasadi– zo que, en la estación veraniega, no admite sesenta lectores. Cuando, en breve tiempo más, el caudal de libros exceda de 40,000 volúmenes, tendremos plétora de libros sin anaquel donde darles colocación. Además, eso de que un edificio en el que estrechamen– te podrían coexistir la Biblioteca y el Archivo nacionales, fun– cionen otras cuatro instituciones, dá ocasión á no pocas di– vergencias. X PERSONAL DE EMPLEADOS En mis Memorias bibliotecarias ele los últimos seis años, he expuesto con gran cópia de razones la necesidad y con– veniencia de aumentar el personal de empleados, por lo me– nos, con un auxiliar que disfrutará el módico haber de cuzitro libras mensuales, pues siendo tres los oficiales conservado– res, es lo correcto c¡ue_á cada uno corresponda un auxiliar. El progreso en que se halla la Biblioteca y el aumento en el número de lectores, imponen más vasta labor á los em– pleados, y exijen mayor vigilancia en la sala de lectura, para impedir que sean sustraídos grabados y aún páginas de libros, abuso de que en veinte años se han presentado casos, sin al– canzarse á descubrir los culpables. Dos empleados en el sa– lón de lectura 110 bastan para ejercer extricta vigilancia s~bre más de sesenta lectores.

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