Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
/ CARLOS RAYGADA 77 tunidad de tipo militar ad-hoc para el es~reno c,lel Himno. No era difícil, para la volante fantasía del tradicionista, suponer. que hubiese sido así. Aunque también hubiera encontrado oportuna la fiesta religiosa, sin considerar indis– pensable que estuviese ligada ~ las Armas del Perú, ya que, después de todo, la fiesta d~ Las Mercedes existía, aun sin conexión expresa con el Ejército Na– cional. Pero el argumento más poderoso del coronel Bonilla es el de los fes– tejos decretados por el Gobierno, que terminaron en la noche del 23. En rea– lidad Palma no ofrece más testimonio que el de su prestigio personal. Y si bien éste bastaría --como ha bastado para que su inmenso mundo de lectores acep– te sin vacilar todo lo que él refiere acerca de Alcedo y ·el Himno en su famo– sa Tradición-, tratándose de hechos históricos, la referencia documental es indispensable. Por tanto, la noticia de la "Gaceta del Gobierno" del 5 de se– tiembre, en que se ofrece todo género de detalles acerca del fervor público a raiz de la arenga de San Martín, en pleno Teatro y a consecuencia de la cual los jefes y oficiales presentes entonaron la "canción patriótica", etc., no admi– te la menor duda . . . en cuanto a la realización del acto en sí mismo. Pero -¡qué copioso "peral" el de esta historia!-. . . ¡subsiste la duda y precisa– mente por virtud documental! Es decir, que todo aquel entusiasmo que cul– minaba con el canto de "la hermosa marcha dos y tres veces", el 2 de setiembre-, no se acuerda con la expedición del decreto del 15 del mismo mes, que pro– rrogaba el plazo para el concurso en que debía elegirse la Marcha Nacional.. En consecuencia, no cabe sino una solución: que la marcha que se cantó el 2 de setiembre, pudo ser, en efecto, la misma de Alcedo, probablemente com– puesta a raiz de la Jura y luego presentada por su autor al concurso. Incluso podría suponerse y aceptarse que San Martín, al escucharla de nuevo después de las que ejecutaron los demás participantes en el certamen, se hubiese in– clinado a elegir aquella vibrante melodía escuchada semanas antes en un ins– tante de fervor colectivo. Ya es sabido que la reiteración de un tema melódico ligado a algún motivo emocional, tiene gran fuerza suasoria. Aun las músicas menos gratas en primera audición, morigeran sus efectos en una segunda opor– tunidad. Y sí, por el contrario, el tema de Alcedo había logrado ya cautivar a los patriotas en aquella emocionante ocasión teatral, lógico es suponer que al escucharlo San Martín por segunda vez, lo inclinara a elegirlo, aunque fuese de modo provisorio. Si eliminamos, con tales argumentos, el problema del 2 con relación al 23 y al 24 de setiembre, nos queda el que ha planteado el coronel Bonilla sobre estas últimas fechas. Y como Palma no da más razón -que no es razón sino simple dato acomodaticio- que la de la fiesta de las Mercedes, hay que aceptar de hecho la fecha del 23, porque era precisamente uno de los días --el último- decretados para celebrar el acontecimiento de la capitulación de los castillos, y domingo, por añadidura. Tocante a la improvisación del 21, no es más que una reconstrucción errónea y anacrónica de Palma. Ya era bastante exfraño que la "Gaceta", re– flejo fiel y constante de todos aquellos acontecimientos y muy especialmen– te de los realizados con la presencia del Protector, -no dijera una palabra de
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