Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

74 MAR DEL SUR funcionarios, sabedores de que no podían presentarse nuevos concursantes, puesto que se conocían perfectamente el número y los nombres de los músi– cos capaces de intentar la lucha, impusieron de ello al Protector y de la con– siguiente posibilidad de efectuar el certamen, luego de lo cual San Martín dispondría -cosa perfectamente imaginable- que se reuniesen en casa de Riglos. Y no es por simple capricho que insinuamos el día 17, pues como no fuera el domingo 16, que es lo menos probable, no podría haber sido otro día, ya que Alcedo, una vez elegida su obra, debió de entregarse inmediatamente a la tarea de instrumentarla, es decir, de preparar, si no una partitura propia– mente dicha y hecha, por lo menos las particelle para cada uno de los eje– cutantes de la orquesta, pues él, al tocarla ante San Martín, lo había hecho a base de una simple pieza para teclado. Y la labor de escribir esas partes, sobre todo si se considera que, por lo transcendental del estreno que se preparaba, la orquesta debió de ampliarse, no era cosa de cinco minutos. De modo, pues, que Alcedo inició sus ensayos, cuando más tarde, el 19, continuándolos con la premura necesaria para ejecutar su obra el domingo 23, como luego veremos. El "premio" del Gobierno Antes de continuar con este aspecto de nuestra historia, hagamos re– ferencia al último lapsus de Coronel Zegarra, para completar así el cuadro de inexactitudes que revisamos y que es preciso agotar para impedir ulteriores interpretac~ones caprichosas. Al referirse al llamamiento para el concurso, Co– ronel Zegarra habla de un "premio del gobierno., que jamás existió, pues co– mo bien claro se ha visto en el auténtico decreto, sólo se ofrecía la considera– ción del Gobierno y "el tributo de gratitud'' de los conciudadanos, estímulo mo– ral suficiente en una época del más puro patriotismo y bastante para compen– sar a los nobles y emocionados fundadores de la Independencia. Sin embargo, esta falsa idea de una compensación en efectivo -medalla, diploma o dine– ro. . . si no todo junto--, ha perdurado a través de la gran mayoría de historia– dores y periodistas que siguieron fielmente a Coronel Zegarra. Entre ellos se destaca, por la importancia de su obra, el doctor Nemesio Vargas, en cuya Historia del Perú Independiente dice: ... Se provocó un concurso sobre la canc1on nacional; un lego de Santo Domingo, D. Bernardo Alcedo, alcanzó el premio ofrecido con aprobación general. Parece increíble que en una ciudad como Lima, tan atrazada en todos los ramos, hubiera existido un talento musical capaz de concebir una partitura de tanto brío, valentía y magestad como el himno patrio. Las tres primeras notas revelan por sí solas un gran númen lírico. Lástima que la letra no esté a la al– tura de la composición ( 36). (36) Nemesio Vargas: Historia del Perú Independiente, Imp. de la Escuela de In– genieros, por Julio Mesinas, Lima, 1903, pág. 245.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx