Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
72 MAR DEL SUR había adueñado, y que me hacía dar ripio á la mano, borroneando cuartillas de papel. .. ( 31 ) . De este párrafo puede inferirse que en aquella época en que ambos es– critores departían amigablemente en Lima, Palma hubiese ofrecido el dato a su colega, quizá si al enterarse de los propósitos de Obligado de escribir las tradiciones del Himno Argentino y del célebre Balcón de Riglos, de Buenos Aires. Cuando Palma escribió la carta-prólogo a su amigo, faltaban apenas dos años para que expirase el siglo XIX y habían transcurrido más o menos doce desde que publicó por primera vez su Tradición del Himno Nacional. Podría admitirse, por tanto, que en ese lapso hubiese llegado a su conocimiento el da– to sobre el clavicordio de Riglos y que, de no habérselo dado en sus remotas conversaciones personales, se lo hubiese enviado por carta anterior a la del prólogo; pero más tarde, cuando, en 1904, don Ricardo hubo de rectificar al escritor español Pérez de Guzmán los errores en que había incurrido al criticar el Himno peruano ( 32), al volver a tratar el tema nada le agrega ni se ocupa de Riglos, lo que desautoriza toda suposición de que el propio Palma hubiese rectificado su zarandeada historia. Ello, no obstante, en nada se opone a que, en efecto, haya sido en casa de Riglos donde Alcedo y sus contendores efectua– ran el concurso de la Marcha Nacional. En casa de Riglos y no en la de la fa– milia Rábago. El "Correo Mercantil Político-Literario" ( 33) nos da las señas exactas en el siguiente aviso: La hermosa y velera fragata la Sophia, su capitán don P. Des– tebecho, dará la vela para el puerto de Valparaiso el 25 de este mes sin falta, tiene excelente proporción para pasageros, y carga a flete. Los que quieran ocuparla, veanse con su consignatario don José Ri– glos, casa de la condeza de San Antonio, calle de la Trinidad. Palma pudo llegar a conocer el hecho y hasta transmitirlo a Obligado, mas sin considerarlo tan importante como para modificar su Tradición al agre– garlo, pues más importancia que señalar el sitio en que se efectuó el concur– so, pudo tener para don Ricardo la exactitud en el dato del estreno, o sea la consagración pública del Himno elegido. Debe admitirse, a mayor abundamien– to, que el Ministerio de Estado se señaló únicamente como lugar en que los autores debían presentar sus obras, ya que no habría allí piano o clavicordio ni personas dotadas de los conocimientos técnicos necesarios para "examinar" las piezas escrjtas, pues los pocos técnicos de relieve y figuración eran los con– cursantes mismos. No pudiendo efectuarse, por tanto, en el Ministerio, el con– curso debió de llevarse a cabo en la residencia pa.rticular de alguno de los alle– gados al Protector, quien, recié~ venido a Lima, tenía que preferir, por obvias razones, a su íntimo amigo, colaborador financiero y compatriota don José de (31) P. Obligado: Tradiciones de Buenos Aires, 4lil serie, Buenos Aires, 1900. (32) v. pái...... . (33) N9 52, del 19 de octubre de 1822.
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