Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
RICARDO LEVENE 47 a la altura que no pueden tocar en el día los primeros sabios que lo condeco– ran e ilustran". No podían hacerlo entonces, acostumbrados al "miserable len– guaje del · cautiverio", avezados constantemente a quemar incienso a los Jefes que venían a velar sobre sus pasos encadenados. Se ocupó del estado de la elocuencia en el sistema político americano imperante hasta entonces y comprendiéndose él mismo en la crítica: "Desde el asiento en que me escucha V. E. oían nuestros Virreyes sus alabanzas, y con sólo la dignidad del Virreinato, ya estaba el orador obligado a convertirlo en héroe y a formarlo grande desde la cuna, elevando al apoteosis hombres comunes, cuya pequeñez se hacía más palpable cuanto más se esforzaban los panegiristas en engrandecerla". Al referirse a San Martín, dijo el doctor Figuerola que temía "pare– cer largo, hiriendo su modestia", porque se habían elogiado a personas "sólo conocidas por sus casas o empleos", en tanto que él sólo haría el panegírico de un hombre ilustre "conocido por sus hazañas y elevado por el voto de los pueblos" "¿Quién no se incendia cuando arde la sagrada llama de la libertad? ¿Qué lengua no se suelta cuando por todas partes resuenan los vivas del júbi– lo, al pregonarse el decreto de nuestra anhelada independencia?". El doctor Figuerola comparó a San Martín con Vi áshington, como ha– cía poco lo había ensayado el Presbítero ?viariano José de Arce, desde la cá– tedra de la Iglesia Metropolitana ( 5). En un pasaje de su discurso dijo el profesor Figuerola: "Nuestra gloriosa independencia está de tal modo enlazada al nombre del W áshington de esta América, que jamás podrá hacerse memoria de nuestra felicidad suspirada, sin hacerla igualmente de V. E .... ", "que que– bró el cetro de los opresores y sustituyó la gloria a la infamia, la libertad a la esclavitud, la abundancia a la escasez, el decoro a la bajeza, y la alta re– presentación de los pueblos del Nuevo Mundo de la nulidad en que yacían". Este paralelismo con W áshington hecho en el Perú y en vida de San Martín culminaría al otorgarse al Protector, en el acto de su abdicación, el título de Fundador de la libertad. En seguida desarrolla estas ideas muy conformes con los ~entimientos humanos y solidarios que animaban a San Martín: "¡Qué grande es el hom– bre que hace a los pueblos felices! ¡Pero qué mayor el que los saca de la des– gracia y los constituye en la prosperidad pública! ¡El que no se cree feliz mien– tras considera en la amargura a sus hermanos! V. E. tiene esta grandeza y to– das sus gloriosas hazañas y las de sus progenitores se olvidan en ella". Se ocupa de la Independencia de América, y especialmente de Buenos Aires, y la misión histórica de San Martín. Las Provincias Unidas estaban con– movidas, pero no organizadas, dijo: al proclamar su libertad habían despertado las virtudes que la acompañan. Se necesitaba el genio que formaliza las virtu– des en desorden "y que reuniendo la calma de la más tranquila filosofía al valor ( 5) "Pueblos del Perú, dijo el Presbítero Arce el 8 de octubre en su inspirada oración: Y a tenéis un Padre de la Patria, vigilante por vuestra ilustración y por vuestro bien cuya única nobilísima ambición es contemplar desde un honrado retiro vuestra futu– ra f~licidad después de haberos conducido a ella cual otro Jorge Wáshington" (Documen– tos del Archivo de San Martín, cit. T. XI, pág. 500).
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